En el portal de Belén llevan tiempo preocupados porque hoy las navidades no son como las de antaño. Y es que a mediados de agosto ya comienza el calendario con música y lotería que pregonan por la radio. Dan las luces en octubre y las apagan en marzo; llenan calles y avenidas, plazas, aceras y patios; ocupan el centro histórico ―y también el extrarradio― con tanta prosopopeya, tanto color y aparato que casi todos deploran ese gasto estrafalario. Protestan en el portal por el dilatado plazo en el que miles de anuncios aturden al vecindario. Pasas, cavas y turrones, vinos y perfumes caros, polvorones, golosinas, de Antequera mantecados, almendras garrapiñadas de Briviesca y Belorado, cagadillos de Tejares (y, en Sotillo, sopas de ajo), dulces, piñones, confites, peladillas y hasta hornazos, mientras falta en el portal agua, verduras y caldos. Por no tener, escasean la leña, el pan y un capazo medianamente lleno de fruta, leche y un vaso de vino para José, que lleva años sin catarlo; y de pasteles variados para María, que sufre desnutrición tras el parto.
En el portal de Belén se echa en falta un milagro que provea de sarmientos a los allí enclaustrados. No hay pañales para el Niño, ni para el buey paja y grano, pues se agotó el suministro para unos meses tan largos. Idénticos villancicos suenan en todos los ámbitos (en chozas y catedrales, en cabañas y palacios, en calles y soportales, en barberías y palcos) reiterando estribillos con sensaciones de hartazgo. Y se cansan los pastores de esperar lo inesperado. Y así, no irán al portal este año ―han declarado― si no se les hace entrega, en concepto de aguinaldo, algo del oro y la mirra que traerán los Reyes Magos. En fin, que si no se pone remedio a este despilfarro, a este paso, acabará siendo Navidad todo el año.
Fotos de Terry Mangino captadas en Madrid durante el mes de diciembre de 2024
Podemos decir que, sin exageración, es algo extraordinario la luz e inspiración con que escribe Ezequías Blanco en prosa y poemario*. Porque a su faceta de cultivador de los jóvenes espíritus adolescentes, matemático de cuadernos cartesianos, capitán pirata suburbial desfacedor de la ignorancia como profe de Literatura en el erial de la dura “banlieue” madrileña durante varias décadas, se une la de divulgador de la literatura e investigador académico meticuloso de los diálogos del Inca Garcilaso. ¡Casi nada! O la de cronista festivo, con sus monos que estornudan, de los lances que los caballeros castellanos permitían, autorizando a sus señoras, a refocilarse con amantes espontáneos que suplieran sus limitaciones masculinas propias de edad avanzada, satisfaciendo así, grácilmente, el deseo volcánico de tan jóvenes doncellas. ¡Ay, el amor!
Por eso, Blanco sobre negro, su flujo poético no cesa y sin tasa sigue manando suave y persistente. Y no flojea en él la cosa de rimar a saco versos ni escasea su caudal flamante y resistente de casar asonantes y diptongos sea en los Andes, sea en Getafe, en Paladinos, en el Congo, sea en Guadix incluso en Flandes, que sabe, Blanco, que las letras causan temor y recelo y ansia de belleza derramada. O flagelo, cuando suenan escuchadas por la amada con flema y saña, ahuyentando la sordera flácida de las orejas sordas y vacías. Sí, Ezequías.
Y el que tenga dudas de todo lo anterior que se lea esta canción, si se atreve, pero que sepa que se arriesga a que se le pongan los pelos de punta y el falo en erección eruptiva. Aunque sea calvo sin solución afectiva.
Ezequías Blanco en su castillo de Getafe.
CANCIÓN
(Sic transit gloria mundi)
Ya no usamos cerillas/Ya no leemos libros de poemas/Ya casi no vamos al cine/Ya no escribimos cartas/Ya no comemos queso/Ya no hacemos el amor/ Solo follamos/Voló Cupido con sus alas cortas/pero queda el deseo/(¿O era al revés?)/Ya no jugamos al billar/(ni futbolín ni chocolate)/pero tú estás preciosa/Ya no soñamos con elefantes naranjas/ (tacha naranjas y pon persas)/ El tiempo ya no tiene dimensión/como las decisiones de las uvas/Mírame con fijeza/Ya no soñamos/ con ser canciones de protesta/Ya no usamos cerillas/(ya lo he dicho)/ ¿Cómo mantendremos el amor entonces/¿La llama del amor?/Hay genocidio en Palestina/y hay guerra en otros lugares del mundo/ Es de locos joder. Esto es de locos/ Ya tienes nuestra comprensión/Toma un vino en el bar/ y siente la alegría/Trabajo en un poema para ti/ ¡Quién quiera pelear/ que se quite la máscara!/ Sic transit gloria mundi/La cuestión es social/ Una prisión anarquista/ La grieta en la pared es tentadora/Me gustaría saber tocar el piano/(¿Y a quién no?) Llueve/ Cae el agua en cascadas/ como caían tus cabellos/sobre tu espalda adolescente/ Mis versos no son míos/ Ya no vamos a los torneos de nada/Hay chicas que prefieren caerse muertas/ antes de querer a quien las quiere/ ¿y yo qué puedo hacer?/ Tú puedes hacer mucho/ (me dice la conciencia pero no especifica)/La vida flota en las aceras/ como un solo de una guitarra eléctrica/ viendo pasar un tren/ Como una gran bola de fuego/ Ninguna razón hay si no hay amor/ ¡Qué miedo las pistolas!/ Cariño no habrá nunca nadie/ que se parezca a ti/Ya casi no vamos al cine./(No lo repitas más)/Ahora debo marcharme/ Me invade la tristeza/ de las palabras que se escriben/sobre el agua dormida/ De todas formas estoy bien/ ¿Preferirías ser un pez?/ A esta canción le sobran ya/ todos los versos.
Que reste-t-il de nos amours?
Foto de Terry Mangino. Fuenlabrada, periferia de Madrid, 1990.
* Homenaje a nuestro admirado Javier Krahe, que con su guitarra y su bonhomía escéptica se estará tomando unas cervezas en la trastienda del Café Central riéndose de todos nosotros, míseros mortales, desde su alcanzado universo de la gloria eterna.
Fotos de Terry Mangino. Letras de Carmelita Flórez, la jefa
—Esa banalidad que todo lo invade, que transmuta nuestras costumbres y nos convierte en consumidores de la estupidez colectiva importada de fuera. Tenemos que disfrazarnos de brujas el 1 de noviembre, con sombreros estrambóticos que ni Goya hubiera imaginado en sus pinturas negras, en lugar de dedicar un recuerdo a los que se fueron. O beber cerveza hasta caer rendidos en una espesa y cálida meada, como cueros de vino cercenados en aquella batalla por don Quijote, porque en Múnich tienen esa tradición en octubre. Y ya están, en una disputa pueril interprovincial, llenando los alcaldes de luces las calles anticipando la navidad a noviembre, como si en ello les fuera el orgullo de la gestión municipal. Es la imbecilidad adoptada internacionalmente. Un reflejo de que no hay diferencias en el comportamiento humano. Ya sea aquí, en Vigo, en Baviera o en Minnesota, todos respondemos al mismo patrón, todos somos hijos de la misma estulticia.
—Me gusta pasear por El Retiro y ver a los niños que estallan en risas a la vez que una pompa de jabón. En un instante está la eternidad, en la alegría infantil está la paz perdida. Y observar a los enamorados que van a servir al amor y descubrir la emoción del primer beso, o de otro tantos años después de aquel primero, latir el corazón acompasado en el abrazo del amado, venir desde muy lejos buscando refugio de esas guerras horribles que los genocidas declaran contra la humanidad, que arrasan a la infancia, que destruyen el mundo porque son pueblos elegidos por un dios cruel. ¡Infames, canallas, asesinos genocidas!
—Ya no hay quien los detenga, Terry.
—Todos estamos en su lista negra: su lista de honor.
—Sí, es un mal momento, la verdad. Aunque puede ser peor.
—Un energúmeno se presenta a candidato a presidente en los USA.
—El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos.
—Sí, siempre nos quedará en octubre El Retiro.
Fotos tomadas por Terry Mangino durante el mes de octubre de 2024 en El Retiro.
Et oui, c’est la femme qui commande. Rememorando el encuentro entre Boris Spassky y Boby Fischer de 1972 en Reykjavik¡Ay, qué bonito es el amor!Anastasia ha venido desde Kiev huyendo de las bombas del ogro.«Se lo regalaré a él, qué ilu»
La personalidad volcánica de Unamuno le lleva a ser protagonista destacado de la Historia de España a su pesar. Su agitada existencia en una época frenética le aupará a los titulares de una actualidad marcada por las turbulencias de un país que acabará en una tragedia nacional. Sobre el abrupto momento que le tocó vivir y su aparente desinterés sobre la Historia charlaron el pasado miércoles, 25 de septiembre, en la Biblioteca Nacional, Colette y Jean-Claude Rabaté, Jacobo Sanz Hermida y Octavio Ruiz-Manjón que intentaron desentrañar el extraño proceder y obrar de don Miguel en un tiempo de alboroto y frenesí.
Jacobo Sanz Hermida, Jean-Claude Rabaté, Colette Rabaté y Octavio Ruiz-Manjón durante la mesa redonda sobre Unamuno y la Historia, el 25 de septiembre de 2024 en la Biblioteca Nacional.
«Unamuno nunca quiso enseñar historia. Pero sí mostró interés en escribir la historia del País Vasco en… ¡17 volúmenes! —comenta Colette Rabaté—. Nuestra historia ha sido emborronada con fantasmagorías. Aún siendo niño, a los nueve años, vivió la Historia, el sitio de Bilbao de 1874 por las tropas carlistas, lo que le influyó en su percepción y relación con los nacionalismos. Fray Luis de León fue para él un modelo de tolerancia».
«El hombre no vive más que por la historia y con la historia. La historia es un sometimiento a la poesía», afirma Jacobo, moderador de la mesa redonda.
«Aunque en vida no tuviera mucho éxito reconocido como escritor, su actitud propició que sembrara semillas de eternidad. Y todo a pesar de la envidia que sufría, el mayor defecto de los españoles», comenta Colette.
Colette Rabaté, catedrática de Lengua, Literatura y Civilización Española de la Universidad François Rabelais de Tours el miércoles 25 de septiembre durante su intervención en la charla sobre Unamuno y la Historia.
«La historia es un sometimiento a la poesía. Unamuno nunca fue un alumno brillante, pero entendía ocho idiomas. Es notorio, como anécdota, que compraba libros, incluso chez les bouquiniste, dans les quais de la Seine, à París, libros que muchas veces no leía y que aparecieron nuevos, sin abrir en su biblioteca. Busca la tradición eterna del pueblo llano. Para ello emprende excursiones, en agosto de 1900 [veintidós años antes del que realizaría Alfonso XIII] por la Sierra de Francia, por Las Batuecas, por Brianzuelo de la Sierra, pseudónimo de La Alberca. Ahí tendrá un contacto directo con ese elemento humano que forjará su espíritu, —apunta Jean-Claude, para continuar con: Unamuno, en octubre del 36 no sabía lo que iba a pasar durante los tres años posteriores. Sí lo supo Machado, que vivió la tragedia y la derrota. Su historia se acaba trágicamente apenas cinco meses después de iniciada la contienda».
Jacobo Sanz Hermida y Jean-Claude Rabaté durante la charla coloquio.
«Don Miguel está en la historia. Historia y patria, el exilio y la soledad, Unamuno interroga permanentemente al pasado. Queda desolado tras el desastre del 98, se aísla para refugiarse de la derrota nacional en Vitigudino. Y la palabra “Regeneración”, de la cual abominaba Unamuno son los motivos que inquietan su pensamiento exacerbado. Pero es necesario superar la divinización del hecho histórico para entender la realidad diaria de su obra y el pensamiento del hombre frente a la vida, —afirma Octavio, para concluir con que: Cedistas, monárquicos, falangistas, cenetistas, comunistas, militares africanistas, republicanos, socialistas, radicales… pero, sí, creo que la paz fue posible hasta el último minuto».
La figura y personalidad del rey Alfonso XIII están rodeadas por la polémica, cuando no el rechazo, desde el momento en que se alineó con la dictadura de Primo de Rivera. Recordemos su implicación en las catástrofes de las guerras africanas, la derrota de los soldaditos españoles, soldaditos valientes de remplazo en el Barranco del Lobo en una guerra que ni les iba ni les venía, en 1909. O su apoyo testicular al general Fernández Silvestre, responsable directo del Desastre de Annual, en 1921, cuyas responsabilidades y la sospecha de implicación directa del monarca en la catástrofe nunca fueron depuradas a pesar de la exhaustiva investigación llevada a cabo por el general Picasso; escrutinio que sepultó la asonada de Primo de Rivera. O el abandono en el que dejó a su familia cuando se embarcó el solo rumbo a Italia, el 14 de abril de 1931, sin contar con ninguno de sus más allegados. O la vida disoluta y alegre que emprendió en los 30 en Londres y Roma, donde recibía a las figuras profascistas implicadas en la Guerra Civil.
Sobre su participación interesada en el golpe de Estado, un autogolpe para algunos, la sociedad española del primer tercio del siglo XX y la difícil relación que tuvo con Miguel de Unamuno dialogaron Colette y Jean-Claude Rabaté, Javier Moreno Luzón y Anna Caballé en la Biblioteca Nacional el pasado 18 de septiembre de 2024.
Javier Moreno, Collete y Jean-Claude Rabaté y Anna Caballé en la Biblioteca Nacional durante el coloquio sobre Unamuno y Alfonso XIII.
«Unamuno fue un escritor muy censurado por los gobiernos monárquicos, tuvo que publicar mucho fuera de España, en Francia. Es, posiblemente, el escritor más citado por los políticos actuales, pero el menos leído», comienza la presentación Anna Caballé.
Rey desde su nacimiento y coronado en 1902, a los dieciséis años, Alfonso XIII era la encarnación de la nueva España tras el desastre del 98. Unamuno conoce al rey, casi un adolescente, en 1904, y deposita en él sus esperanzas y simpatía. No así en la reina madre, a la que el rey adoraba, María Cristina de Habsburgo, austriaca, germanófila y partidaria de la Gran Prusia en la I Guerra Mundial. Además, Alfonso XIII se ve sometido a diario a la división y contienda femenina en palacio: el origen inglés de la reina Victoria Eugenia hacía difícil la convivencia entre ambas mujeres, que influían sobre el rey para acercarle a sus respectivas opiniones. Casa con dos mujeres mala es de guardar. Es a partir de 1914 cuando don Miguel se muestra crítico con las decisiones reales. Y durante el período que va de 1918 a 1924 el rechazo al monarca aumenta.
Jean-Claude Rabaté y Anna Caballé charlan sobre Unamuno y sus demonios. O sus ángeles.
«Para Unamuno, Alfonso XIII es un rey sin ideales, un frívolo, inconsciente, un botarete, un canallita, los discursos de don Miguel provocaban más expectación que los del rey. España era un país militarizado por las guerras africanas, había en esos momentos más de 600 generales que buscaban el apoyo del monarca. Y Unamuno denuncia la actuación del rey metido en política. Además, al catedrático le encantaba el Zola denunciante del caso Dreyfus. Por eso, él se siente auto-exiliado y rebelde con la situación política que impulsa la Monarquía. Algo que le lleva a exclamar: ¡No soy un intelectual, soy un pasional!», comenta Jean-Claude Rabaté.
«Unamuno se siente conciencia del pueblo. El rey era un corrupto, un jugador, un mujeriego enfermizo, el káiser Codorniu, responsable directo del Desastre de Annual. Prefería ser destronado que tronado [estafado]. Unamuno mantiene una posición ética frente a la corrupción del monarca. En 1920 se entrevista con el rey, audiencia a la que llega tarde y en la que le expone con acritud la actitud que debe de regir en un reinado ajeno a la política: “Lo mejor es que no tome ninguna iniciativa”, le dice al rey. Tras la caída de Primo de Rivera [28 de enero de 1930], el rey piensa que puede volver al reinado de antes, al de 1921. Y para ello se apoya en las figuras de Santiago Alba y Cambó, ambos también en el exilio francés. Los dos le exigen que sea un rey parlamentario sin que participe en el gobierno de la nación», resalta Javier Moreno.
Alfonso XIII en Londres en 1932. No, la dama que le acompaña no es Victoria Eugenia.
«Tras huir de Fuerteventura, en 1924, durante su exilio en París en 1930, Unamuno mantenía una tertulia en Montparnasse, en el Café La Rotonde, donde se encontraba con personalidades como Blasco Ibáñez, Eduardo Ortega y Gasset o Corpus Barga. Esas reuniones de conspiradores tienen voz en el semanario “España con honra”, financiado por Blasco Ibáñez e inspirado en el lema de los revolucionarios de 1868 contra Isabel II. Es uno más de los grupos opositores a la monarquía, que tiene como norma “el Deber de Insultar” desde la tribuna del periódico», explica Jean-Claude.
«Para Unamuno, Primo de Rivera es un pavo real. Es el general Martínez Anido el que tenebrosamente mueve la dictadura a la manera de Maese Pérez», apunta Colette.
Colette Rabaté durante el coloquio sobre Unamuno y su graciosilla majestad habsburgo-borbónica.
Y sobre las dudas al ideario republicano que Unamuno mantuvo a lo largo de su vida, Jean-Claude argumenta que «el 23 de junio de 1924, huyendo de su confinamiento en Fuerteventura y en escala en Portugal y en su aproximación al PSOE, “el partido más patriótico”, y a punto de ingresar en él, se entrevista con el líder socialista Andrés Saborit, que le desaconseja su afiliación: “Mejor fuera que dentro, don Miguel, porque fuera tendrá más influencia que si ingresara”. Unamuno regresa a España el 9 de febrero de 1930. En Hendaya sigue su relación con Eduardo Ortega y Gasset y con infinidad de notables de la política y la cultura, entre ellos Indalecio Prieto. María Zambrano estimaba enormemente a su maestro don Miguel. “España es un país abúlico e indiferente a su gobierno, aquí tenemos un régimen habsburgo-jesuítico” que imposibilita el diálogo».
«El mito de los Comuneros y su oposición al primer Habsburgo, el emperador Carlos, será el distintivo que guíe a los republicanos del siglo XIX. A él se adhiere Unamuno con las mismas dudas que le llevarán a apoyar el golpe de Estado del general Franco, del que rápidamente se retracta. “Yo fui un cándido”, afirmaba en noviembre de 1936 tras su encierro en la prisión de su hogar salmantino», recuerda Javier Moreno.
—¿Que si Unamuno fue envenenado por Bartolomé Aragón?, el falangista y último visitante que tuvo en su casa, dos horas antes de morir el 31 de diciembre de 1936. Chi lo sa?, —responde Jean-Claude.
Unamuno recibe a uno de sus últimos visitantes en su casa de Salamanca, pocos días antes de fallecer.
—Me sorprende que Landero ponga al timón del filme, perdón, de la novela, a un narrador omnisciente que te cuenta la película, perdón, el libro, como si fuera una voz en off, sin diálogos directos entre los personajes, todo supeditado a su bien decir, a sus explicaciones, como si los actores, perdón, los protagonistas estuvieran en un rodaje y el narrador llevara las órdenes con la bocina de sus palabras. Que a veces en la lectura se me aparece Fernando Rey contándonos Bienvenido míster Marshall. Además, el escenario coincide en ambos guiones, perdón, historias, dos pueblos de la sierra norte de Madrid semiolvidados. Y sus palabras, al principio de la novela, son muchas y contundentes, es más, yo creo que en las primeras secuencias, perdón en los primeros capítulos hay, a mi entender, un exceso de adjetivos y frases abigarradas, meros decorados que ralentizan el avance de la acción. Es como en aquellas películas de arte y ensayo de los setenta en las que el prota tardaba diez minutos en subir la escalera y al llegar al primer piso se encontraba con que estaba vacío.
—Ah, pues yo con “El Guitarrista” me divertí mucho. Me pareció que
—Aunque, pasado el primer cuarto el relato se agiliza y la acción se vuelve frenética en el planteamiento, donde el guitarrista, Landero, se muestra generoso, sí, en rasgueos y acordes y ofrece un concierto casi de música barroca orquestal. Incluso hay un capítulo muy didáctico, en el que confiesa sus trucos para escribir, como si fueran consejos que dedica a su público lector para que experimente y se atreva a esparcir renglones derechos, que no torcidos. Tiene muchas tablas Landero, mucho oficio. Y te puedo asegurar que la arquitectura interior de la novela está bien estructurada, que no falla su base, que los personajes están bien amarrados y los decorados bien pintados. Distribuye bien la historia. Y le añade recursos teatrales propios de una representación multitudinaria, todo un pueblo involucrado en un proyecto común para salvarse del hastío. Se ve que conoce la tramoya. Habría que reflexionar sobre la evolución que ha llevado la novela actual, las de Landero al menos, lejos de aquellos presupuestos de la generación de los 50, cuando el monólogo interior, las digresiones del narrador y el diálogo subjetivo inundaban las páginas de los libros, cuando se veía el experimentalismo como la razón que debía nutrir todas las páginas, cuando se rechazaba por completo la novela social y el costumbrismo. Algo que, de alguna manera, la aproximación a la realidad cotidiana del individuo, llena las páginas de la novela de Landero.
—Ah, pues yo no sé si
—Sí, es un argumento clásico. Chico con un montón de sueños irrealizados en su chepa encuentra chica; chica con un montón de remiendos en su alma y que quiere desembarazarse de ellos, soñar un frenesí desconocido, encuentra chico. Un encuentro o un equívoco mágico, porque sin la magia el cuento no existe. Cuando el relato se desviste de esos renglones y adjetivos innecesarios, de ese experimentalismo interior, mero ropaje entorpecedor, cobra ritmo y sale claro, el lector se engancha y se recupera de los primeros bostezos. Todo ello en un decorado panorámico de la sierra de Madrid, aderezado con un montón de secundarios que tienen su página de gloria y visten sus mejores galas novelescas. Como en una película de Vincent Minelli, todos bailando en torno a los protas, aunque a veces se le fuera la mano a Minelli, a Landero. La vida es sueño. Y es en la evasión, en la fantasía donde encuentran las razones para continuar agitándose los protagonistas, que las han buscado sin hallarlas por los caminos grises de la existencia. Y aunque al final pasen de largo los americanos por el pueblo, los dos, el chico y la chica, siguen en el sobresalto de interpretar la mejor función que imaginaran. Y como un buen clásico dura 90 minutos, perdón, 220 páginas. Omnia vincit amor.
—Entonces, Carmelita, ¿qué les digo a mis amigos Emilio y Rosi, que lean La última función de Landero?
La personalidad de don Miguel de Unamuno, su literatura y pensamiento político siguen provocando discusión entre los estudiosos de su obra. Su vida y su muerte suscita un interés apasionado no sólo literario, sino también ideológico e histórico que profundiza en su obra y en comprender las razones que influyeron en el apoyo temporal y posterior rechazo del golpe de estado del general Franco a la República. La Biblioteca Nacional ha convocado tres conferencias durante este mes de septiembre sobre su extenso legado y figura, así como una exposición con abundante material fotográfico y periodístico sobre el genio de las letras y el pensamiento: “Unamuno y la política. De la pluma a la palabra”, que estará abierta hasta el 8 de diciembre de 2024.
El pasado 11 de septiembre charlaron sobre don Miguel en la sede de la Biblioteca Nacional los eruditos Colette y Jean Claude Rabaté y Andrés Trapiello, moderados por Jacobo Sanz Hermida. El coloquio resultó una apasionada exposición de argumentos que pretendía explicar la singular obra del pensador bilbaíno. Y también un encendido debate sobre su visión filosófica y vital por las que acapara tanto prestigio como polémica.
De izquierda a derecha Jacobo Sanz, Colette y Jean Claude Rabaté y Andrés Trapiello, el pasado 11 eSe en la Biblioteca Nacional polemizando sobre la obra de don Miguel Unamuno.
«Un poco veleta. Es hombre muy activo, de muchas ideas, piensa más que sus contemporáneos, cree en el progreso, siempre en plena forma, en los años veinte se ve sorprendido por el auge de los totalitarismos. Carácter difícil, hombre pasional y paradójico. Personalidad trágica la de Unamuno tanto como la de Azaña; don Miguel, un creador, Azaña, un hombre de letras sin lectores. Tanto Unamuno como Azaña representan la tercera España», comienza Andrés Trapiello la conferencia.
Andrés Trapiello y Jean Claude Rabaté durante la charla sobre don Unamuno Miguel.
«Sí, era un poco veleta don Miguel, pero las veletas también se paran y señalan un punto en el camino, un rumbo por donde sopla el aire nuevo. Era un electrón libre, de partido no, entero» responde Colette Rabaté.
Colette Rabaté durante la conferencia sobre Miguel de Unamuno.
«Todo el mundo se cree con derecho a atacar a Unamuno. Su capacidad de trabajo es desbordante. Pronunció más de 700 discursos. Ahora se cumple el centenario de su destierro a Fuerteventura, desde donde huyó a París, ciudad en la que fraguó muchas amistades. Su regreso a España, en 1930 desde Hendaya, coincidió con la dictadura de Berenguer, al que también se opone. El 7 de abril de 1931 don Miguel se encontraba en San Sebastián visitando a sus amigos presos para agitar a la opinión pública en los albores de las elecciones que llevaron a la República», responde Jean-Claude Rabaté.
«Elegido concejal en Salamanca y diputado en 1931 al establecerse la República, a la que aspiraba a ser presidente. Unamuno fue crítico con las exigencias idiomáticas de los regionalistas. Don Miguel se lleva bien con los de su generación, pero no con la siguiente. Unamuno no entiende la política de masas. Su vida es una novela, o quizás una nivola, tal como escribió en su autobiografía “Cómo se hace una novela”», continúa Trapiello.
Y surge la polémica entre los conferenciantes sobre la acogida favorable, al principio, de Unamuno al golpe de estado de julio del 36, con la donación que hizo don Miguel a los golpistas de 5000 pesetas de la época a pesar de su precaria situación económica. Y la condena que sufre por los falangistas en el célebre acto de la Universidad de Salamanca, el 12 de octubre posterior, oponiéndose al trastornado Millán Astray. Y sobre su encierro, prisionero en su propia casa, tal vez arrepentido de su apoyo al fascismo escribe una carta, 7 XII 36, a Henry Miller, residente en París, en lo que parece su testamento final de su agitada existencia. La última visita que recibió Unamuno fue la del falangista Bartolomé Aragón, dos horas antes de fallecer inesperadamente el 31 de diciembre. Las hipótesis de que sufriera un envenenamiento nunca se han despejado.
Carta que don Unamuno Miguel escribe a Henry Miller el 7 de diciembre de 1936 desde su casa prisión de Salamanca en la que le relata sus vicisitudes vitales. Sería la última epístola de las miles y miles escritas a lo largo de su frenética y laboriosa existencia. El franquismo acabó con él.
Desembarco de Alhucemas, 8 de octubre de 1925. Primo de Rivera (el grandote, fumando, con gorra legionaria y bastón de mando, dictador tras el golpe de estado que pronunció el 13 de septiembre de 1923. Su majestad Alfonso XIII diría de él al rey italiano Víctor Emanuel III: «Este es mi Mussolini») se da un homenaje junto a los militares africanistas. A la izquierda aparece el entonces coronel Franquito, subido a una piedra para disimular su escasa estatura personal. (Foto que forma parte de la exposición «Unamuno y la política. De la pluma a la palabra«, que se expone en la Biblioteca Nacional.)
—Bajaban a más de 70 por Recoletos, como locos en esos cacharros etéreos, tan deprisa que apenas se les podía ver. Yo me pregunto: ¿es necesario ir así, de guerrillero en el palo de una escoba? Porque eso es en lo que bajaban hacia el Paseo del Prado, dos ruedas rarísimas y agarrados al cuadro como si fuera esa etapa la última vez y se despidieran de la novia, de la mujer, ellos a punto de partir al desembarco de Normandía, apretados, apretados a las carnes de la chica, digo al manillar. Dejaban tras de sí un hueco vaporoso parecido al triunfo que sigue al acabar el amor, al acto físico, digo, agotamiento y placer. Bueno, al menos movían las caderas, las piernas como ventiladores, los dientes de felino deseando el pecho de su señora, explorando el enredo velludo de la dama, sería como un guiño erótico inconsciente, una sublimación fálica en el pubis femenino, un empeño en demostrarse a sí mismos que… ¡tú vales mucho, chico!, que donde no llega el varón en sus arremetidas llega el ciclista en su pedaleo con el empuje de su espada, de su plato de sesenta y cuatro dientes y su piñón de diez, que eso parecían las bicicletas que cabalgaban, cimitarras para someter al cansancio, bálsamos para aplacar el dolor, amantes iracundos derrumbando murallas, inundando de placer el huerto de la amada, satisfechos y orgullosos de dar placer, ella jadeando bajo el peso de su cintura pedalera, él resplandeciente, ¡hemos ganado al bastardo!, decían, como Hillary cuando alcanzó el Everest. Los ciclistas son extraterrestres.
Luis Ángel Maté a su paso por Colón.
—Sí, hay una sublimación en el esfuerzo, ya sabes, en el escarnio de la carne está la superación del espíritu, pero
—No, Terry, es el inconsciente sofocado el que mueve la bicicleta, no son los vatios ni el hematocrito ni el consumo máximo de oxígeno ni la hipertrofia muscular ni el umbral anaeróbico. Es el deseo de verse reconocido por tu amante como ganador, inasequible al desaliento, aunque no seas el líder al final, porque lo que al ciclista le motiva mover esa bicicabra tan rara es el deseo inconsciente de que ella vea, en ese gesto de dolor infinito de su rostro, que era a ella a la que cabalgaba, no al cacharro de carbono y aluminio, que presionaba sus caderas en cada pedalada, que recorría su pecho con su lengua, que el sudor que corría por sus mejillas inundaba también las suyas y compartía sus jadeos con los suyos al final de la Gran Vía, porque ella se derretía tanto como él, entre sus brazos, cuando cruzó victorioso la meta y se derrumbó después de darle placer. Perdón, de acabar la última etapa de la Vuelta, no sé en qué estaría yo pensando.
Terry no dijo nada y de nuevo se puso a pedalear frenéticamente encima de su bicicleta femenina, encima de ella, jadeaba, sufría, el pulso a ciento ochenta, continuó hasta que Carmelita se derramó complacida y él se abandonó satisfecho, sabía que las chicas saben lo que dicen y porqué.
Fotos de Terry Mangino
Etapa final de la Vuelta 2024 por las calles de Madrid
Sepp KussEnric Mas peleando hasta el final. Primoz Rogliz tres kilómetros antes de ganar su cuarta Vuelta.