Los hechos referidos en la lápida superior sucedieron en el siglo X, la lápida es posterior, S XVI): AQUI YAZE VELASCO QUE FUE UNO DE LOS DOS CABALLEROS VELASCO SEÑORES QUE ARMO CABALLEROS EL CONDE HERNANDO GONCALEZ EL DIA QUE DIO LA BATALLA AL RREY ALMANZOR EN AUN AS LOS QUALES YBAN CON LA MISMA PERSONA DEL CONDE EN LA BATALLA QUE EL YBA


LA VERDAD

Viene de: Guillermo de Baskerville (I). Resumen de lo publicado. El franciscano Guillermo de Ockham, o de Baskerville tiene encomendada la educación del joven Adso, hijo del barón de Melk, un muchacho inquieto y preguntón. Responder a los jóvenes no es sencillo, sobre todo cuando media un plato de cocochas que se enfrían.

Ambos se miraron en silencio. La juventud es ese tiempo único en el que los interrogantes acucian el intelecto del hombre y en la búsqueda de la verdad los espíritus se agitan en océanos de inquietudes que pueden turbar, o aun pervertir las más nobles virtudes del alma virgen. Guillermo lo sabía, sabía que una duda irresuelta podía hacer zozobrar la voluntad del joven. Buscó un argumento en su infinita sabiduría, aunque a su avanzada edad no recordaba nunca haber sometido su conocimiento a tan exigente examen como al que el jovencito le sometía. Por otro lado, las cocochas le nublaban el entendimiento como no había previsto, quedarían frías, incomestibles. Improvisó una rápida respuesta.
–Quizás sea el honor lo que mueva al hombre a acometer empresas arriesgadas. Por la fama, por la gloria cruzan los hombres los océanos, los mares traicioneros, los desiertos intransitables, las altiplanicies y las selvas. Por el buen nombre se esfuerzan los hombres, pues nada hay mejor que ser respetado por sus semejantes y nada hay como la honra que decore con sus títulos los pabellones del espíritu humano.
Adso escuchó con respeto al viejo maestro, pero su mirada no denotó sino insatisfacción.
–Pero hay algo más, maestro. Tiene que haber algo más por lo que el hombre se sumerja en este valle de lágrimas, algo que explique la miseria de esta vida, este discurrir miserable sin compensación que todos sufrimos y en el que todos nos empeñamos.
Guillermo empezaba a cansarse de la persistencia de su alumno. Muchos discípulos había tenido a lo largo de una vida entregada a la enseñanza y al cultivo de las mentes curiosas que le habían asaeteado con interrogaciones, pero quizás por respeto a sus blancas guedejas o por sus razones escolásticas pocos de sus pupilos continuaban sus intrigas tras un par de cuestiones. Se contentaban con una explicación simple que sirviera tanto para aplacar al oyente como para reforzar la vanidad del orador. Sin embargo, Adso de Melk insistía e insistía en sus preguntas con la alegría espontánea de la juventud. Guillermo de Baskerville no estaba dispuesto a revelar la gran verdad suprema a un jovencito iluso y desconcertado. Además, se le estaban enfriando las cocochas, que adquirían por momentos un aspecto pustuloso.
–Quizás sea la mujer –dijo Guillermo, pensando que con esta respuesta el joven Adso saciaría su sed de ciencia y le dejaría, por fin, probar aquella salazón, manjar celestial que como limosna le había dado un rico mercader genovés hacía ya algún tiempo, y que con el paso de los días desprendía un tufo que disculpaba su ingesta.
–La mujer mueve al hombre a enfrentarse a peligros infinitos. Por yacer con ella se arriesga el varón a los fuegos del averno y a contraer enfermedades corporales y horribles sufrimientos, a la locura, a ver mermadas o incluso perdidas sus haciendas, y a enemistarse con otros hombres y a traicionar convenios y alianzas, que a todos los afecta por igual el aroma de un coño, que en estos lances no hay freno ni medida, que todo está permitido en el amor, como en la guerra, pues la mujer llena de gozo o destemplanza a los hombres, es su felicidad o su perdición, riquezas y tesoros van a pique por ganar el favor de una mujer, que incluso las santas escrituras cuentan que por poseerla pierden los generales la gloria y sus ejércitos, que por refocilarse con hembra perdió Holofernes la cabeza, confundido por el embrujo de Judith y se perdió una batalla y una guerra y una nación y un imperio.

Guillermo aproximose la cazuelita de las cocochas a los labios…

(Continuará)iglesia_jaramilloFotos tomadas en Fuentidueña (Segovia); Monasterio de San Pedro de Arlanza y Barbadillo del Mercado (Burgos).

Anuncios