Y ahora, sola, frente al espejo se veía la mujer que siempre fue, sin las ataduras del amor, libre del deseo de unos labios, sin el reclamo de un cuerpo al que adherirse, sin la prisión de los besos, de otra piel, de los susurros. Sí, se veía guapa, serena, indiferente al torrente de hormonas que anegaron su ser.
Sus piernas largas, esbeltas se reflejaron en el espejo. Jugaba a descubrirse a sí misma, ahora de perfil, ahora de espaldas. Tenía un culo todavía bonito, de frente el vello del pubis escondía el deseo que tanto a él le perturbaba. Le recordaba agazapado entre sus piernas, horadando aquella jungla hirsuta de broza, sus pechos alterados en una esquina de sus manos. A veces se abrazaban lentamente y se miraban durante horas, tejiendo laberintos erizados de caricias. ¡Tanta pasión, tanta alegría, tantos suspiros derrochados, ay!
Y ahora, sin embargo, tenía la serenidad del que ha cumplido, sin el castigo de su ausencia, lejano el reclamo de su nombre, ¿se le olvidó ya, acaso? Le brillaron los ojos, lentamente se vistió, encendió la luz, su reflejo prendido como fuego en el cristal, libre de sombras.
-Me quedaré contigo, aunque no quieras –le dijo en una ocasión. ¡Qué lejos quedaba aquello!
Agarró el pisapapeles como si fuera una piedra y con una fuerza inesperada lo lanzó contra el espejo. ¡Zas! El estruendo del vidrio roto repitió mil veces su imagen nueva, diáfana, completa, sola, como ella quería.
Cada vez que ingenuamente nos adentramos en Google, o en Facebook, o en Yahoo, o en cualquier buscador, o hacemos una compra, o consultamos nuestro cuenta bancaria, o le mandamos un correo a Emilita dejamos un rastro que queda registrado en el superordenador del gran hermano y que va a permitir utilizar nuestro perfil cibernético tanto por esos bondadosos servidores como por los servicios secretos de los estados para los que, aunque lo nieguen las grandes empresas de comunicación e intercambio de internet son proveedores.
Cada vez que suba al Facebook una inocente fotografía de la mariscada de las vacaciones, o le pinche a un me gusta, o escriba un correo secreto a su amante, u ordene su compra al supermercado del barrio quedarán registrados sus gustos, sus simpatías, sus números secretos, sus hábitos de consumo, o sus preferencias en materias culinarias o de ropa interior. Y no sólo servirán al Facebook o al Google para vender sus gustos a posibles proveedores comerciales de sus consumos favoritos, sino que también trasvasarán esas informaciones a los Estados y a los Gobiernos a través de sus compañías de inteligencia o de espionaje para que puedan controlarle directamente sus cuentas corrientes, desvelar el contenido de sus mensajes íntimos y puedan desarrollar programas de gobierno en los que usted no podrá escapar y será un mero súbdito del que sabrán el dinero con que cuenta y su ubicación instantánea a través del número IP y el uso de las cookies y con quién se comunica y su ideología y sus gustos y sus manías.
No es nuevo, ya lo denunció Julián Assange hace unos años cuando reveló a la opinión pública internacional los cables diplomáticos que se intercambiaban los servicios secretos de las democracias occidentales para interactuar a su antojo en el orden (¿orden?) mundial, siempre ocultando información al ciudadano. Lo cual le valió las acusaciones de revelación de secretos y de traición por USA y una tan formal como imprecisa de presunto delito sexual por parte de Suecia. Assange lleva refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres desde 2012.
Algo parecido sucedió con Edward Snowden y sus revelaciones sobre las prácticas de la NSA y la CIA a la hora de espiar a los ciudadanos libres de las principales democracias. Snowden, al que Rusia dio asilo político, al igual que Assange son para sus respectivos países traidores o héroes de la libertad según si el que opina es un miembro de la administración del Estado o un activista por los derechos ciudadanos. Al menos, la actitud de Snowden ha servido para que el Congreso norteamericano rectifique y modifique los protocolos de actuación de sus dos grandes agencias de espionaje, algo que quedará, seguramente, en agua de borrajas.
Así que evite regalar y desvelar sus datos en esas redes sociales y muéstrese crítico con internet, no facilite nada de sí mismo, porque aunque no quiera, aunque no lo crea, tanto este mensaje como la persona que lo ha leído ya han sido registrados por el gran hermano que todo lo escucha. Caronte aguarda.
Leo a Freud, aunque apenas entiendo lo que dice, frases y frases subordinadas llenas de profundos y elaborados pensamientos sobre el mundo de los sueños, disertaciones sobre el contenido latente y el contenido manifiesto. Apenas si comprendo las explicaciones explícitas y concretas que da en algunos ejemplos de sueños. La teoría es demasiado compleja para mí. Leo a Freud porque le considero un gran literato, no menos comprensible que algunos escritores que recurren al inconsciente para formular obras de difícil comprensión. Al menos Freud escribe desde la consciencia del inconsciente, literatura automática.
Me compré hace cinco años un abrigo de cashmere, de color beige. Me queda un poco grande y nunca lo he usado. Cuando lo vi me pareció precioso, como si fuera una prenda que hubiera deseado desde siempre, algún resorte oculto me lanzaba hacia ella. Después ha dormitado colgado en una percha de un armario cerrado. Quizás lo reforme y me lo ponga ahora que el frío aprieta. No sé.
He vuelto a ver Last tango in Paris y como la primera vez, hace seis años, me ha impresionado. El sufrimiento de Brando, la fuerza de la vida se le escapa y a ella se aferra violentamente, sus garras atenazándose al culo joven de la Schneider. El sexo salvaje como redención del incierto futuro que se adivina, el paso de la madurez al declive que el ser humano descubre al doblar una esquina cualquier día nublado de octubre. Brando, primario, arrancándole las bragas a la obnubilada Schneider, felpudo de otras épocas, incapaz de sustraerse al hechizo fatal del dios macho, todopoderoso y derrumbado. Regueros de paletos españoles rumbo a Perpignan en el 73, la secuencia de la mantequilla sublimando la represión del tardofranquismo ibérico. Brando, personaje anónimo, 45 años, el tormento de un suicidio golpeándole la conciencia. Brando, iracundo, atrapado en la noche desesperada de su sinrazón, compartiendo con el amante de su esposa los recuerdos y los regalos íntimos de ella a ambos. 1, rue Jules Vernes, quatrième etage, un apartamento vacío y oscuro como sus vidas, la línea 6 del metro parisino, idas y venidas a ninguna parte por puentes, pasarelas, estaciones vacías, tardes marchitas de hoteles sombríos, putas desvencijadas a última hora, tangos acartonados en un cabaret decadente. La Schneider sumisa y anulada ante Brando, déspota dueña a su vez de su atolondrado novio cineasta (Jean Pierre Leaud, el mismo que interpreta Las dos inglesas y el amor, Truffaut, 1971). La Schneider rechaza la oferta matrimonial de su novio y sin embargo a él se aferra vislumbrando el vértigo movedizo de esa pasión inestable con el dios marchito. El inconsciente. Brando borracho, huyendo de sí mismo persiguiendo su final, rendido él ahora a la mujer, a Ariadna. Un tiro de revólver. Brando, un ovillo cadáver acurrucado ante la juventud victoriosa.
El porte varonil de Brando resalta a lo largo de toda la película, su presencia potencia cada plano, nadie como Brando levanta la mano para llamar al garçon: -Champagne, vite! El pelo al viento, el rostro desafiante, paseando orgulloso por los bulevares de París, un sueter gris sin camisa, para protegerse del frío un abrigo beige, de cashmere.
Tizona Interactive se define como Editora de Videojuegos (Publisher) especializada en la gestión del marketing y la comunicación. La función principal de la compañía es potenciar la comercialización de los productos desarrollados por pequeños estudios independientes españoles para que puedan abrirse camino dentro del competitivo sector de los videojuegos.
Equipo
Nuestro equipo lo conforman profesionales de diferentes ramas y especialistas en la gestión comunicativa, el marketing, la comercialización y la distribución de videojuegos independientes. Gracias a los distintos perfiles de nuestro equipo humano (periodistas, editores de vídeos, relaciones públicas, comerciales, asesores etc.), disponemos de una gran flexibilidad a la hora de desempeñar nuestro trabajo y lograr posicionar correctamente tu producto en el mercado.
Todas las fotografías y textos de Ángel Aguado López
Samuel Sánchez, campeón olímpico en Pekín, 2008
Hay tres indicadores fisiológicos básicos que nos dicen fielmente la capacidad que tenemos de realizar un esfuerzo de resistencia. El VO2 max, el Umbral Anaeróbico y el % de Hematocrito en sangre.
Mientras que los dos primeros tienen origen genético y son poco mejorables por la acción del deportista, el tercero sí puede modificarse considerablemente por el entrenamiento deportivo y por la acción de fármacos, la famosa EPO, la eritropoyetina, tan presente en todos los casos de dopaje que salpican al deporte de elite. Básicamente, el volumen de oxígeno máximo, o VO2 max, se refiere a la capacidad del organismo para metabolizar O2 durante el ejercicio. El O2 es necesario para la correcta alimentación intercelular del músculo, en íntima combustión/combinación con los aportes de aminoácidos (la cadena final de todas las cadenas de azúcares se reduce al ATP, adenosin trifosfato). El VO2 max se mide en mililitros de O2 por minuto y por Kg de peso que el organismo es capaz de metabolizar durante el ejercicio. Ya que el volumen de aire que podemos almacenar es siempre el mismo (la capacidad de nuestros pulmones es secundaria, hay campeones que tienen 4 L de capacidad pulmonar, volumen y otros que tienen 5,7 L), en lo único que podemos participar es en estar delgaditos. Así, a menos peso cada Kg de magro toca a más VO2 max, nuestro VO2 max mejoraría con menos Kg (los keniatas, ya saben, qué delgaditos están). Cualquiera de nosotros debe de andar entre los 25-30 mL/min/Kg de consumo máximo de oxígeno. El gran Miguelón Indurain, en sus tiempos de esplendor estaba en los 88. Y ahora, por lo que publicó su médico, Sabino Padilla, en un estudio reciente no anda muy alejado de ese número aun habiendo pasado más de veinte años de su retirada. El factor genético, vamos, ese que no podemos mejorar.
Participantes en una prueba de ciclo-cross, noviembre de 2016, Boadilla del Monte, Madrid,
El Umbral Anaeróbico hace referencia al momento en que el metabolismo del esfuerzo pasa de aeróbico (suficiente compensación de O2) a anaeróbico (déficit de O2). El organismo consigue adaptarse a las necesidades energéticas requeridas por un gran esfuerzo, pero a costa de producir enormes cantidades de residuos lácticos que tamponan las células e impiden el intercambio energético y la recogida de toxinas catabólicas por el torrente sanguíneo, la posterior excreción vía renal o hepática. Se produce una acidosis (PH inferior a 7,3), el músculo se agota y aparecen la fatiga, las agujetas, el cansancio generalizado.
El indicador práctico que nos dice cuál es la frecuencia cardiaca que no debe sobrepasarse se calcula de forma elemental descontando a 220 la edad del deportista. Si se trata de niños deduciríamos la edad del menor de 230. Y en el caso de mujeres de 226. Lo que significa que un deportista de 50 años, si deduce de 220 su edad no debería sobrepasar las 170 p/m en un esfuerzo físico de resistencia.
Este es un dato muy genérico que nos indica de forma previsora cuando entraríamos en la zona roja. Aunque hay diferentes factores de compensación que interactúan, como el hábito de hacer o no deporte, la alimentación, el estado de forma, la morfología, la edad, el sexo, la vida de relación, las condiciones climáticas, etc. Pero el dato obtenido sirve para evitar riesgos, sobre todo en personas que no practican actividad física de forma habitual.
Para determinar cuándo se entra en umbral anaeróbico de forma aproximada, habría que reducir de esas anteriores 170 pulsaciones (la edad es determinante) unas 15 p/m. Así, si llegamos a 155 p/m significa que nuestro metabolismo entra (teóricamente) en umbral anaeróbico y los lactatos se disparan, aparece el cansancio ese tan horrible y nos entran ganas de parar el ejercicio. La fatiga es, en sí misma, un mecanismo defensivo.
Paso por el km 20 de la Maratón de Madrid, 2013. Todos son atletas de las altiplanicies africanas con un hematocrito altísimo y un VO2 max excepcional.
Hay personas sedentarias que entran en umbral anaeróbico con 140 p/m, lo que significa que tiene una capacidad de esfuerzo muy reducida. Y hay otras, los ciclistas profesionales, que son capaces de llegar hasta las 190 p/m en umbral aeróbico, enviando a los músculos un torrente sanguíneo enorme sin generar lactatos. La prueba de detección del umbral anaeróbico consiste en una extracción de sangre, por ejemplo, un pinchacito en la oreja y medir las p/m y el PH en ese momento. Si es inferior a 7,3 quiere decir que se está produciendo ya anaerobiosis. Las p/m nos indicarán la entrada en umbral anaeróbico. El umbral anaeróbico es un factor mejorable con el entrenamiento.
Las técnicas de entrenamiento atlético para mejorar la resistencia anaeróbica se deben a los estudios que realizó un cardiólogo alemán a comienzos de los años 30 del siglo XX. Hans Reindell observó que sus pacientes afectados de patologías coronarias mejoraban si realizaban esfuerzos de alta intensidad durante breves períodos de tiempo. Se unió a Woldemar Gerschler, un entrenador de la Universidad de Fribourg, Alemania, y ambos desarrollaron las bases fisiológicas del entrenamiento interválico, o fraccionado, que de forma empírica ya utilizaba el atleta finlandés Paavo Nurmi. Con posterioridad, el entrenamiento interválico fue adaptado por el fondista checo Emil Zatopek en los años 50. Hay una serie de factores: distancia, intensidad, tiempo, recuperación y acción en el intervalo, los factores DITRA, que deben programarse en función del tipo de deporte, especialidad, capacidad física del deportista, etc. y combinarse con otras técnicas de carrera aeróbica y metodología de entrenamiento complementarias. Si se pretende una mejora en la condición física y en el rendimiento deportivo es necesaria la intervención de un entrenador en la programación de los entrenamientos y no dejarse guiar por los consejos que de forma voluntariosa se puedan oír de cualquier aficionado.
Y sirva este artículo como un pequeño homenaje a los profesores Augusto Pila Teleña y Carlos Álvarez del Villar, que durante los años 60 y 70 del pasado siglo XX iniciaron la divulgación de las bases del entrenamiento deportivo y de la cultura de la Educación Física en nuestro país. Ellos fueron los pioneros y nosotros disfrutamos del conocimiento que nos transmitieron.
El Umbral de Esfuerzo se define como el trabajo o ejercicio mínimo necesario que realiza el organismo con el que se consigue una mejora en las aptitudes físicas básicas y neuromusculares del mismo. Es decir, la superación en el rendimiento deportivo. Para que se produzca mejora se debe desencadenar un estímulo que fuerce al organismo a reaccionar.
Laurent Jalabert calienta motores, Dauphiné Libéré, etape prologue contre la montre, Parq de la Tête d’Or, Lyon, France, 9 de junio de 2002.
Esto se conoce como el Síndrome General de Adaptación. Ante una situación imprevista el cuerpo humano reacciona de tal manera que intenta adaptarse a la nueva realidad y mantener el equilibrio biológico. Lo anterior vale tanto para una enfermedad o trastorno como para un esfuerzo atlético. Se desencadena, primero, una reacción de alarma. Posteriormente se produce una fase de resistencia defensiva hacia ese agente estresante. Y, por último, se entra en la fase de agotamiento y superación del estímulo primario, la mejora deportiva. La reacción biológica es la misma ya se trate de entrenar la resistencia o la fuerza o la velocidad. Solo se tendrá que adecuar el estímulo en razón del objetivo que se quiera conseguir. Indudablemente, el agente estresante que se utilizará en el entrenamiento de fuerza será muy distinto al utilizado en la mejora de la resistencia aeróbica. Y no hay ningún organismo igual, todos reaccionan diferentemente y en distinto grado a un estímulo externo.
El umbral de esfuerzo es distinto en cada organismo. Lo que puede ser un trabajo agotador en un individuo no entrenado puede no llegar a ser estimulante en un individuo de alto nivel. Por eso, es muy importante determinar el umbral de esfuerzo de cada persona y programar en razón de este el ejercicio adecuado para conseguir el rendimiento deportivo. El entrenamiento es en sí mismo una distribución económica de esfuerzos encaminados a conseguir el éxito. Si un individuo entrena por debajo de su umbral de esfuerzo no conseguirá mejora alguna y estará perdiendo el tiempo. Y si lo hace por encima de sus posibilidades se agotará rápidamente y no obtendrá tampoco rendimiento alguno. En una programación de entrenamientos es muy importante determinar el punto de partida y el objetivo que se quiere conseguir.
Y vamos a explicar de forma elemental y divulgativa qué es el valor Hematocrito, o el % de componente celular que hay en la sangre, que se compone de:
Parte líquida: el suero plasmático.
Parte sólida: los hematíes, los eritrocitos, los leucocitos, los neutrófilos, los basófilos, las plaquetas, los… en fin, todos esos renglones que componen los valores del hemograma que recibe una persona cuando le hacen un análisis de sangre.
Marzio Bruseghin, Dauphine Libéré, Lyon, France, 9 de junio de 2002.
El rango de normalidad del factor hematocrito en varones sanos va del 41 al 53%; correspondientes a la parte sólida y a la parte plasmática.
La hemoglobina es una proteína generada en la médula ósea, a la que se asocia el hierro (Fe), que transporta el 02 de los pulmones a las células musculares y recoge de estas el CO2 resultante de la combustión metabólica y lo evacúa de nuevo por los pulmones al exterior. Es el “doble corazón” venoso-arterial dentro del doble circuito de respiración-espiración pulmonar. La hemoglobina se mide en g/dL de sangre. Lo normal es que esté entre 12 y 17 g/dL. A mayor cantidad de hemoglobina mayor capacidad de esfuerzo, de resistencia aeróbica. Las células sanguíneas que transportan la hemoglobina son los hematíes. Un gran número de hematíes (dentro de los límites no patológicos) conllevaría que el hematocrito aumenta en su parte sólida, que pasase a 52/48, por ejemplo. Por consiguiente, un hematocrito más alto supone más células que transportan más O2, lo cual redunda en una mayor capacidad de resistencia, de esfuerzo.
Lance Armstrong está considerado como el gran embaucador del ciclismo. Todos sus éxitos deportivos resultaron falsos, se trataba de un estafador. Dauphiné Libéré, Lyon, France, 9 de junio de 2002. Fue privado posteriormente de su triunfo.
En situaciones de hipoxia el hematocrito aumenta para hacer frente al déficit de oxígeno. Es el motivo del entrenamiento en altura y uno de los porqués de las excelencias naturales de los atletas keniatas que habitan en las altiplanicies, a más de 2.000 m de altitud. Y el porqué de los centros de alto rendimiento deportivo, que se ubican en altitud. Y las concentraciones que atletas, nadadores y ciclistas (deportes todos de resistencia aeróbica predominante) hacen en el Puerto de Navacerrada, las Cañadas del Teide o Sierra Nevada. A mayor altura menor presión atmosférica y menor concentración de O2 en el aire. Y aumento por consiguiente del hematocrito humano para compensar ese déficit.
Este factor fisiológico sí se puede mejorar, bien por medios naturales, como el entrenamiento deportivo; o bien por medios artificiales, como la eritropoyetina: la EPO. La EPO es una hormona que genera de forma natural el riñón y está presente en los eritrocitos, glóbulos rojos encargados de distribuir el 02 en las células. De forma sintética se utiliza como medicación coadyuvante para tratar a personas que padecen enfermedades oncológicas o renales y que se encuentran con debilidad extrema. El uso no terapéutico y pseudo-deportivo de la EPO en personas que no lo requieran constituye el doping, que puede conllevar un riesgo mortal.
Mejorar por métodos naturales supone someterse constante y cíclicamente al Síndrome General de Adaptación: alarma-reacción-agotamiento; entrenar y entrenar y entrenar. Por medios artificiales el proceso es el siguiente: ingesta de EPO y subidón de hematocrito. Hasta un 6% más. El riesgo de colapso circulatorio es altísimo porque el torrente sanguíneo puede llegar a espesarse tanto que la sangre metafóricamente se convierte en barro y no avanza, o lo hace con dificultad por las arterias.
Selección española de ciclismo femenino durante una concentración en el parque madrileño de El Retiro. Fecha indeterminada.
El factor hematocrito es variable. Después de una prueba de gran esfuerzo y duración puede subir temporalmente, ya que la enorme necesidad de hidratación que reclama el organismo hace que incluso se requiera del plasma sanguíneo para suplir el agua de la que carece el organismo agotado. Por eso sube el hematocrito con el calor después de una carrera prolongada y exigente, y baja cuando se vuelve a hidratar el cuerpo. Y por eso se tiene sed tras un esfuerzo de resistencia y es necesario beber, para impedir que el hematocrito se dispare y se produzca algún shock o incluso un trombo por coagulación sanguínea.
Por último, apuntar que el descanso también es en sí mismo una forma de entrenamiento, el final y el principio del ciclo del Síndrome General de Adaptación.
Ángel Aguado López es Especialista en Entrenamiento Deportivo y Experto en Educación Física para la Edad Infantil por la UNED; Entrenador Regional de Fútbol por la Escuela Madrileña de Entrenadores de Fútbol y Monitor Nacional de Atletismo por la Real Federación Española de Atletismo.
Ejercicio aeróbico practicado con regularidad: nadar, bici, carrera, paseos por los parques; una dieta equilibrada y ligera, resguardarse de la exposición al sol, evitar las bebidas alcohólicas y por supuesto no fumar ni darse a los estupefacientes previenen de la enfermedad.
El cáncer, un mal que cada año causa alrededor de 100.000 muertes en España. La segunda causa de mortalidad tras las enfermedades cardiovasculares. Y se anuncia que de cada dos nacidos en el día de hoy a uno se le desarrollará la enfermedad a lo largo de su vida. Aunque el 50% de estas muertes se puede evitar con los hábitos de vida descritos anteriormente. Y por supuesto acudiendo al médico cuando notemos algún síntoma, alguna señal que nos parezca sospechosa. El diagnóstico precoz aumenta considerablemente las probabilidades de vencer a la enfermedad. «El cuerpo siempre te dice lo que le pasa, te habla al oído, te cuentasus secretos, –eh, tú, escúchame, escúchame –pero siempre estamos demasiado ocupados en cosas sin importancia y no le prestamos atención, nos creemos inmortales, que el cáncer es cosa de los otros y cuando percibimos su presencia ya se ha metido en nuestro dormitorio y no hay quien lo eche» dice Bernardino Eleuterio, un paciente que sufrió la enfermedad y que superó tras el tratamiento impecable que recibió el Hospital público Puerta de Hierro.
Pero aunque hay más cáncer hay menos muertes. En España, el tumor más frecuente en hombres es el cáncer de próstata y en mujeres el de mama. Los avances en la detección, la mejora tecnológica y el progreso en los fármacos han conseguido espectaculares resultados en la curación de todo tipo de cánceres.
Para darnos una idea de lo que es la enfermedad reseñemos que el Hospital Puerta de Hierro, de Madrid, atendió en el servicio de oncología médica durante 2012, 17.138 consultas, registró 1.134 enfermos nuevos y tuvo una media de 603 pacientes al mes en tratamiento ambulatorio en el Hospital de Día.
Los oncólogos no se cansan de repetir que más vale prevenir, que se escuche al cuerpo cuando nos dice al oído cuídame, cuídame. ¡Que no se le olvide!
Salvador Puig Antich, el último ajusticiado por garrote vil en España
Este reportaje se editó y publicó por primera vez el 2 de marzo de 2015 y simplemente se ha actualizado la fecha.
Hoy, 2 de marzo, se cumplen 50 años del ajusticiamiento del anarquista Salvador Puig Antich, ejecutado al alba en la Prisión Provincial de Barcelona tras ser declarado por un tribunal militar franquista culpable de la muerte del joven subinspector de policía Francisco Anguas Barragán. Salvador Puig Antich fue el último ejecutado en España por el procedimiento medieval del garrote vil. La muerte se lo llevó por delante tras dieciocho minutos de agonía. Tenía veinticinco años.
Los hechos probados del sumario indican que el 25 de septiembre de 1973, Salvador Puig Antich, junto con Xavier Garriga, ambos militantes del MIL, Movimiento Ibérico de Liberación, grupo clandestino anarquista, fueron detenidos por policías de la Brigada Político Social, BPS. Durante el forcejeo entre anarquistas y policías se produjeron varios disparos, a consecuencia de los cuales Puig Antich, que portaba una pistola cargada pero sin montar (diversas fuentes le asignan dos pistolas, una Kommer y una Astra, de diferentes calibres, hecho que complicó posteriormente la veracidad de las pruebas empleadas en su acusación), recibió dos heridas de bala y resultó muerto el subinspector Anguas, que tenía 23 años. Como su nombre indica, la Brigada era la policía encargada al final del franquismo de investigar todas las estructuras de partidos y asociaciones contrarias a la dictadura. La BPS llevaba meses tras los anarquistas, que ya habían realizado varios atracos por la comarca de Barcelona y herido de gravedad a un empleado del Banco Hispanoamericano a comienzos de 1973.
Una fotografía de Salvador Puig Antich
El consejo de guerra sumarísimo celebrado el 8 de enero de 1974 contra Puig Antich estuvo plagado de irregularidades: la autopsia del policía fallecido se realizó en la misma comisaría en la que este prestaba servicio por un forense nombrado al efecto; los casquillos y las balas que causaron la muerte al policía se perdieron; el informe de balística no se tuvo en cuenta, “no es necesario, nosotros somos profesionales de las armas” –dijo el presidente del tribunal militar durante la vista–; las pruebas aportadas por la policía resultaban confusas, cinco policías armados arrestando a una persona que consigue, sin embargo, zafarse y herir de muerte a uno de ellos; las pruebas aportadas por la defensa se denegaron; Xavier Garriga, el cómplice durante los hechos de Puig Antich, declaró bajo tortura en contra de este, etc. Ese mismo día se dictó sentencia, la pena de muerte.
Recordemos la situación histórica que en aquel momento se sucedía en el mundo. 1974, en octubre, unos meses después del ajusticiamiento, fue el año en que en un pequeño pueblo de la banlieue (periferia) parisina llamado Suresnes, un desconocido Isidoro se hacía con la secretaría general de un partido que se llamaba PSOE, tan desconocido para los españoles como el secretario. ¡“Ali, bumayé”!, gritaba una multitud enardecida en septiembre de ese año en Kinshasa a su ídolo Mohamed Ali, también conocido como Cassius Clay, un chicarrón del Bronx que terminó noqueando en el octavo asalto a George Foreman, en el combate por el título mundial de los superpesados en el que el dictador congoleño, Mobutu Sese Seco, se escondía por miedo a ser también él noqueado por su pueblo. En España, el cardenal Tarancón, azote del régimen, impide que el día después de la ejecución de Puig Antich, el 3 de marzo, monseñor Añoveros, obispo de Bilbao, sea expulsado de España por desafecto. “Había un avión preparado al efecto” –recuerda Juan Luis Cebrián–, tras amenazar al dictador, con el apoyo del cardenal Montini, el papa Pablo VI, con excomulgarlo, algo que ni por lo más remoto se le había pasado por la imaginación a Franco, él, que lo había dado todo por la Iglesia. Además, en las pantallas españolas se proyectaba la película Fin de semana al desnudo, en la que Alfredo Landa hacía el papel de… playboy, y Lina Morgan de…femme fatal.
El MIL era un pequeño grupo clandestino de jóvenes anarquistas inspirado en los ideales del parisino mayo del 68 y en la revolución cubana del comandante Fidel. Salvador Puig Antich, nacido en Barcelona en 1948, era hijo de un militante nacionalista de izquierda que sufrió, tras el exilio en el campo de concentración francés de Argeles-sur-Mer, la represión del franquismo y fue también condenado a la pena de muerte, aunque finalmente condonada. En 1972 y 1973 los miembros del MIL, jóvenes deslumbrados por una conciencia social imprecisa forjada en los barrios obreros y en lecturas marxistas y libertarias, realizaron algunos atracos a bancos por la zona de Barcelona con el objeto de recaudar dinero, “expropiaciones” lo llamaban ellos, para combatir la dictadura del Caudillo, aunque no realizaron acciones armadas de envergadura porque ni tenían medios, ni en su ideario se planteaba esa actitud bélica. El franquismo vivía sus últimos momentos en medio de una agitación social importante, huelgas, protestas, manifestaciones. La irrupción de grupos terroristas como la separatista vasca ETA, o los de extrema izquierda, FRAP, desbordaban con sus acciones armadas a unos aparatos de seguridad policial desorientados e incapaces de controlarlos. El 20 de diciembre de 1973, tan sólo dieciocho días antes del juicio, se había producido el terrible atentado mortal contra el almirante Carrero Blanco y el régimen se dislocaba entre partidarios de la apertura política (Pio Cabanillas, Francisco Fernández Ordóñez, etc.) y la implacable línea dura de la extrema derecha, encabezada por el falangista José Antonio Girón de Velasco, el león de Fuengirola. El jefe de Gobierno era Carlos Arias Navarro, «un canalla, pero además un zoquete» según afirmaba en enero de 2015 el académico Juan Luis Cebrián, entonces un joven periodista, redactor-jefe en el periódico Pueblo, y que recordaba que «desde el primer momento, en los medios de comunicación de la época se tenía la impresión de que se dictaría pena de muerte».
Además, la salud de Franco se deterioraba rápidamente y los seguidores del franquismo veían con temor que aquello llegaba a su fin. El régimen optó por salvar los muebles y dar una respuesta ejemplar, un acto de venganza por la muerte del almirante. Así que la suerte de Puig Antich estaba echada y no tenía ninguna posibilidad de que la pena le fuera conmutada. El 11 de febrero, el Consejo Supremo de Justicia Militar ratificó la sentencia. Curiosamente, un día después, Arias Navarro pronunciaba en las Cortes un discurso triunfalista que hablaba de la necesidad de apertura y la creación de una ley que permitiera las asociaciones políticas. El espíritu del 12 de febrero se llamó, que quedó en nada y que concitó el rechazo absoluto del Bunker, el reducto irreductible de los recalcitrantes franquistas de antaño.
Fuera de España hubo masivas protestas por la pena impuesta a Puig Antich. Willy Brandt y el Vaticano pidieron su indulto, aunque en el interior consta que apenas si hubo peticiones de clemencia más allá de los abogados defensores, Oriol Arau y Francesc Caminal, por partidos o asociaciones, por otro lado inexistentes o duramente perseguidos. «Era la víctima perfecta porque nadie de la clase política le reclamaba. Fue un asesinato legal» –manifestaba en su día Manuel Huerga, director de la película “Salvador”, que sobre el caso se realizó en 2006.
A la vez que Puig Antich, fue ejecutado en Tarragona el ciudadano alemán Georg Michael Welzel, alias Heinz Chez, al que entonces se creía polaco. Welzel era un nómada que rozaba la oligofrenia, que había estado preso de la Stasi en la antigua República Democrática Alemana y que sobrevivía dando tumbos por la costa de Tarragona y que en uno de ellos, un año antes, mató a un guardia civil. El franquismo utilizó la ejecución de Welzel como una forma de apantallar y de distraer la atención de la ejecución de Puig Antich. De alguna manera, el Estado se vengó en ellos, ambos fueron ajusticiados por la muerte de Carrero.
Se conoce quién fue el encargado de ejecutar aquella sentencia. Antonio López Sierra, o Guerra. El triste verdugo titular de la Audiencia Provincial de Madrid. Y también triste ejecutor de tristes homicidas, noticias que llenaban de estupor y de morbo la prensa de sucesos de finales de los cincuenta y en los sesenta en una triste España. El garrote vil acogotó, entre otros muchos, a José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris, El Jarabo, que había asesinado a cuatro personas por un asunto de honor, el de su amante casada. O también acogotó el gaznate de Pilar Prades Expósito Santamaría, «La envenenadora de Valencia», la última mujer ajusticiada en España, en 1959, ocho semanas antes que El Jarabo. Antonio López Sierra, o Guerra inspiró en 1963 la célebre película de Berlanga “El Verdugo”, un alegato contra la pena capital, ahora reconocida como una obra de arte y que entonces sentó como un garrotazo al general bajito de la voz atiplada cuando la vio en su cine del palacio de El Pardo. También intervino Sierra, o Guerra en el documental “Queridísimos verdugos”, de Basilio Martín Patino, en 1973, un año antes de la última ejecución.
Hay una leyenda que dice que el siniestro artilugio del garrote vil, unos garfios metálicos con un tornillo que rompía el cuello del reo estuvo en propiedad de don Camilo José Cela, que lo tendría como una advocación de su Pascual Duarte. Pero es leyenda.
Con el paso del tiempo el proceso y ejecución de Puig Antich han adquirido interés histórico relevante. Las hermanas de Puig Antich elevaron una demanda de nulidad de sentencia ante el Tribunal Supremo en 2001, que fue desestimada en 2007.
Así publicaba la noticia el semanario EL CASO el 8 de marzo de 1974.
«La Ley de Memoria Histórica del año 2007 no da solución al problema de anulación de juicios de esa época. Si no se producen hechos nuevos “técnicamente” no ha lugar para una revisión de la sentencia emitida entonces. La Justicia actual no lo contempla, aunque en su momento no se cumplieran las garantías para que se produjera un juicio justo, incluso la Ley de Enjuiciamiento Criminal es muy antigua y no permite ningún recurso a ese caso» –confirmaba el 19 de enero de 2015 el magistrado Ángel Juanes Peces, vicepresidente del Tribunal Supremo, órgano que rechazó en su día el recurso presentado por la familia de Puig Antich.
Por otro lado, el 31 de octubre del 2014, la jueza argentina María de Servini, instruyó una causa contra el franquismo por la ejecución de Salvador. Amparándose en el principio de justicia universal envió una orden internacional de busca y captura contra varios ministros del franquismo, entre ellos Antonio Carro Martínez o José Utrera Molina, firmantes de la sentencia condenatoria de Puig Antich. El juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, al que se le ha asignado este caso, no había decidido a finales de enero qué hacer con estas órdenes de detención internacional y si extradita o no a los buscados. Aunque en marzo del 2014 se aprobó en el Congreso las limitaciones a la Ley de Justicia Universal, por resultar inapropiada para nuestros intereses tras las presiones realizadas por el gobierno chino, incómodo por la imputación que la justicia española hizo a uno de sus dirigentes relacionado con la represión en el Tíbet. China es uno de los mayores compradores de deuda pública española.
También se han escrito numerosos libros e investigaciones sobre el asunto, el último por el historiador y profesor de la Universidad Complutense Gutmaro Gómez Bravo. En su obra “Puig Antich, la transición inacabada” Gómez Bravo indica que –ante el escepticismo y el conformismo sobre la aceptación de unos hechos dados por probados la memoria necesita de la historia, de sus documentos, si no, corremos el riesgo de una impostura. Gutmaro Gómez Bravo señala que –aún hoy en día siguen cerrados a la consulta los archivos de la Brigada Político Social –y afirma rotundamente que– tras Camboya, España tiene el número más alto de desaparecidos políticos.
La década pasada fue la década perdida de la memoria en España y los condenados por el franquismo siguen siendo culpables.
Texto: Ángel Aguado López. Publicado por primera vez en marzo de 2015.