GABRIEL DE ARACELI

      LA VIDA Y LA MUERTE BORDADA EN LA BOCA tenía Merceditas, la del guardarropas…

      Algo parecido tenía en su semblante el ciclista Luis Ocaña, un héroe del pedal que sufrió, siendo niño, el traslado familiar a Francia y se educó en ese trance de la doble nacionalidad, o ambigüedad del emigrante: ser l’espagnol de Mont de Marsan, o el franchute de Priego que habla español con acento gabacho.
Esas pateras que ahora se ahondan en los abismos del estrecho de Gibraltar ahogando lo sueños de los excluidos subsaharianos…

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Merckx y Ocaña durante el Tour de 1971

        La biografía de Ocaña se asemeja enormemente a la de su gran rival, Eddy Merckx. Nacidos ambos en plenas postguerras, en junio de 1945, con apenas una semana de diferencia, Ocaña en la esterilidad de la postguerra de La Mancha, en Priego, Cuenca: ¡Adiós mi España querida, jamás en la vida yo podré olvidarte! Merckx en la recién bombardeada Flandes, el pestazo a trilita de las V1 y V2 aún presente dans le ciel flamand, ay Marieke, Marieke je t’aimais tant entre les tours de Brujes et Gand. Ambos vivieron una infancia de traslados y de extranjería en un ambiente desconocido, con un idioma que no dominaban, apurados por conseguir los recursos básicos con los que alimentarse. Quizás por eso ambos fueron tan fuertes y agresivos pedaleando, y se miraban con recelo y desconfianza cuando se cruzaban en el control de firmas antes de comenzar las etapas del Tour. Etapas de más de 200 km, llenas de trampas y emboscadas, de tempestades, de pájaras, de pinchazos, de truenos y relámpagos, donde se retaban con la mirada, a primeros de los 70, en los ascensos al Alpe d’Huez, o al gran Galibier, o al Mont Ventoux, o a la Madelaine, o al Tourmalet. José Manuel Fuente, Zoetemelk, López Carril, Agostinho, Thevenet, Van Impe o Godefroot aguantando el chaparrón de los genios. Quizás por las dificultades de la infancia los dos tenían ese rictus de agresividad e impaciencia por ganar, por llevárselo todo, por embestir al rival. Más cornadas da el hambre, decía un torero tremendista contemporáneo a ellos.

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Ocaña en el Tour de 1973, con el dorsal 51.

      En 1970 Ocaña dominó la Vuelta, por aquella época una carrera de andar por casa. Ocaña empezaba a ser otro monstruo del pedal, un hambriento insaciable de victorias. Todo parecía dispuesto para el gran duelo al sol, el Tour de 1971. El Caníbal llegaba líder a la onceava etapa, el 8 de julio, 134 km entre Grenoble y Orciéres-Merlette. Parecía que su poderío era incuestionable, que no tenía rivales, que ganaría su tercer Tour con autoridad. Sin embargo, aquel día Ocaña se levantó con el semblante torcido, quizás fuera la rabia contenida en su inconsciente de superviviente de una patera futura lo que se le despertó. El caso es que Ocaña espoleó su caballo de acero y tubulares y arremetió contra todos en el km 15 con un odio desmedido y no paró hasta la meta instalada en el Col de Merlette, subiendo con plato, 53 dientes, el último Km, dorsal 98, su mítico equipo BIC, llenando las cunetas de cadáveres deportivos. Una hazaña hercúlea que dejó a Merkx y a Zoetemelk al borde del KO, entraron a ocho minutos y 42 segundos, una distancia cruel e insultante para el belga. Parecía que la victoria no se le escaparía a Ocaña, una diferencia de tiempo sideral. La prensa española rápidamente amplificó la victoria y Ocaña se convirtió en el héroe deportivo con el que llenar las desnudas páginas de los periódicos en la canícula estival. Ocaña reemplazaba a Bahamontes en el santuario ciclista patriótico. Había nacido un héroe.

      Pero el destino chungo, cruel y canalla le tenía reservada su copita de cazalla al conquense. Merckx no aceptó la derrota y durante las tres etapas siguientes, en los Pirineos, desató una guerra cruenta de trincheras, minas y demarrajes de la que Ocaña salía siempre victorioso y engrandecido.
Quizás fue el ansia o la fatalidad la que se le cruzó a Ocaña en el descenso del Col de Menté, tres etapas después, que cayó herido por un rayo traidor en mitad de una tormenta trágica de pedaladas y granizo y no pudo levantarse, sus huesos rotos, su bicicleta rota, hecha un amasijo de tubos retorcidos y embarrados de acero Columbus, su rostro desmadejado sangrando rabia y hematocrito, su sueño aplazado en el dolor de la desgracia. Para consuelo, José Manuel Fuente, el Tarangu, ganó aquella etapa y la siguiente y se convirtió en la gran esperanza del ciclismo patrio, este de verdad español, asturiano y en el también mítico equipo KAS. Merckx, al final, se hizo con le maillot jaune, con el maillot blanco, con el de la montaña, con el de la regularidad, con el de chico más guapo… Ganó su tercer Tour consecutivo imponiéndose a Zoetemelk, a Van Impe, a Thévenet, a Agostinho, a Mortensen, a Guimard, a Labourdette, a Aimar, a López Carril…

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La desgracia acecha en cada curva, Ocaña caído por el ciclismo en el Col de Menté, en 1971.

       Pero los héroes lo son siempre y Ocaña arrasó en 1972 en el Campeonato de España y en la Dauphiné Liberée. Y llegado julio de 1973, Luis Ocaña acababa de renovar su victoria en la Dauphiné y se preparaba para un nuevo duelo al sol de la Francia, le 14 de juillet à Paris, le jour de gloire est arrivé, allons enfants! Sin embargo, Eddy Merckx decidió no participar ese año y Ocaña arrasó en ese Tour y, además, se tomó un pequeño desquite en el Campeonato del Mundo, celebrado en Barcelona, donde quedó tercero, al esprint, por detrás del gran Felice Gimondi y Maartens y por delante de Merckx, cuarto. Todos con el mismo tiempo.
Aún siguió varios años pedaleando el gran Luis Ocaña, cosechando pequeños triunfos a la sombra de su dorado pasado. Y fuera porque le llamaba el amor ancestral al terruño heredado de sus orígenes, o la familia, o porque se le pasó el arroz el caso es que colgó la bicicleta en 1977, a la par que su gran rival en las carreras, el gran Eddy Merckx. Los dos habían iniciado un camino similar que los llevó por diferentes itinerarios, el camino que se hace al andar. Ocaña se dedicó al cultivo de viñedos y caldos de crianza en su destino de acogida de Mont de Marsans, no muy lejos de la región vinícola de Bordeaux. Un Bordeaux, c’est bon!
Pero la vida le guardaba la carta más amarga y se cobró la deuda aplazada con la que le amenazó en aquella caída en el Col de Menté.

Quizás fue la pena o exceso de hierro. El caso es que un día nos tocó ir de entierro. Pésames y flores y dos lagrimitas que soltaron todos al cerrar la cajita.

       En 1979, cuando salía de su domicilio sufrió un grave accidente de automóvil por el que tuvo que recibir varias transfusiones de sangre. Se supone que, debido a la sangre contaminada que le transfundieron, sufrió una grave hepatitis C, que derivaría años después en una cirrosis hepática. Los últimos años de su vida los dedicó a sus negocios vinícolas, a su familia, con la que mantuvo difíciles relaciones y a los comentarios deportivos en varias cadenas de radio españolas, que le servían de terapia y de consuelo frente a la grave depresión que también sufría. Dicen que sus problemas económicos se agudizaron y que su relación matrimonial naufragaba cuando hace veinticinco años, un 20 de mayo de 1994, decidió acabar con su vida descerrajándose un tiro de su escopeta de caza. Con posterioridad a su fallecimiento recibió diversas honras y homenajes por parte de las autoridades y deporte españoles.

    La vida de los héroes es efímera, pero sus hazañas sobreviven en la eternidad del desconsuelo que provoca su pérdida.

Ay amor, sin ti no entiendo el despertar, ay, amor, sin ti mi cama es ancha.

 

       EL GRAN GALIBIER es este año el techo del Tour. Es el final de la 18ª etapa, del 25 de julio, entre Embrun y Valloire, de 208 Km de recorrido. Previamente a la ascensión del Galibier se subirán el Col de Vars (2109 m de altitud, primera categoría, 9,3 km al 7,5%) y el Col de Izoard (hors categorie, 2360 m, 14 km al 7,3 % de pendiente). Los 2645 m del Galibier se subirán por el lado del Lautaret, otro primera, desde Briançon. La subida tradicional se realiza ascendiendo primeramente el col hors categorie de la Madeleine, descendiendo hasta Saint Jean de la Maurienne y ascendiendo Le Telegraphe, un puerto de primera categoría. Por este itinerario se llega al pueblecito de Valloire, donde este año acaba la etapa, y después comienza la ascensión, 23 km del gran Galibier. Un túnel construido hace años evita para los automóviles el último km., de una dureza rayana en la tortura. La altura de la cumbre hace que la presión atmosférica disminuya y como consecuencia, la concentración de oxígeno atmosférico disminuya considerablemente, por lo que los ciclistas deben realizar un trabajo de hipoxia extenuante.angel_galibier_web       Desarrollo recomendado para globeros y culogordos ocasionales que quieran probar sus fuerzas en el Galibier: 36X28 si no se es ni Merckx ni Ocaña.

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