Ochenta años del comienzo de la Guerra Civil

Gabriel de Araceli

El 17 de julio de 1936 el general Franco se levantaba en armas contra la República legítimamente constituida y comenzaba, tras el fracaso del golpe militar, la Guerra Civil española. Era el desenlace cruento en el que se hundía la nación arrastrada por una historia de varios siglos de reinados y políticas nefastos. Era como si un cataclismo colosal hubiera estallado entre fuerzas antagonistas que pugnaban por intereses distintos, una lucha de cíclopes en los que el bien o el mal, la razón o la fe, el progreso o la reacción, la justicia o la intolerancia, la libertad o la esclavitud, la democracia o el fascismo se enfrentaban a vida o muerte. Aquella tragedia concitó el interés internacional, las grandes potencias se decantaron por alguno de los bandos combatientes y la contienda española se polarizó y se convirtió en el preludio de la gran tragedia universal que asolaría el mundo apenas unos meses después de acabada.

El debate y el estudio generado por nuestra contienda se han alargado décadas después y aún hoy mantiene el interés de la sociedad española porque las heridas que produjo nunca se cerraron del todo y quedan muchas cicatrices pendientes de curar. La larga postguerra, el infinito franquismo, la transición democrática, la monarquía juancarlista y la actual situación de desconcierto en la que ahora nos encontramos son de alguna manera hijos de la historia que aquella desolación produjo. La leyenda de las dos Españas, país cainita y rencoroso capaz de helar el corazón del españolito, sigue flotando como un demiurgo amenazante e indeleble.

Ochenta años después aún quedan en la memoria colectiva de muchos españoles las preguntas de qué fue de sus próximos desaparecidos y por qué, y muchas responsabilidades que asumir por aquello que invocando la gracia de un dios despiadado alteró el curso legítimo de un estado. Si el tumor se mantiene bajo la piel de toro sin que se extirpe de nada vale que las suturas invisibles oculten las cicatrices, porque volverá a aparecer con diferentes grados de gravedad.

En 2011 Paul Preston presentó su ensayo histórico “El holocausto español”, un documento excepcional y demoledor que causó un impacto extraordinario en la sociedad española porque nunca antes, y habían pasado entonces 75 años desde el comienzo de la guerra, se había publicado un libro tan desgarrador. Preston comienza así su obra, en la página 17:

PRÓLOGO

«Durante la Guerra Civil española, cerca de 200.000 hombres y mujeres fueron asesinados lejos del frente, ejecutados extrajudicialmente o tras precarios procesos legales. Murieron a raíz del golpe militar contra la Segunda República de los días 17 y 18 de julio de 1936. Por esa misma razón, al menos 300.000 hombres perdieron la vida en los frentes de batalla».

No, aún hay muchas preguntas que responder.

 

 

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