Regreso al NO-DO

Rafael Alonso Solís

En su inspirado y trabajado repaso al potaje literario, periodístico y político del ruedo ibérico en el último tercio del siglo XX titulado El Cura y los Mandarines, y redefinido como Historia no Oficial del Bosque de los Letrados–, Gregorio Morán recuerda que, en los años sesenta, “la vida real dejaba pocas oportunidades a la imaginación”. Con ser esta afirmación discutible –tal vez, y puede que por lo mismo, pudiera sostenerse lo contrario; es decir, que únicamente la imaginación era capaz de colorear la vida real, sacándola de aquel panorama gris, triste y angustioso que reflejaba el No-Do–, hay que reconocer su acierto al recordar los matices de una época en la que, siendo todo muy local –como aquí, como ahora– había “un afán de Imperio que intimidaba”. Salvando las lógicas distancias, la salud de la prensa española arrastra un largo período de deterioro, la televisión pública parece haber alcanzado sus más bajos niveles de mediocridad, y el sectarismo invade y coloniza, no ya los habituales mentideros de la caverna, sino al periódico que, durante muchos años, fue considerado como el símbolo de un país nuevo, equivalente al de los más modernos de nuestro entorno. Con el agravante de que en los quioscos ya no se vende El Viejo Topo, Star o El Rollo Enmascarado, Makoki debe estar recluido en una residencia para alienados tempranos, y la frescura del punk de garaje ha acabado convertida en la música almibarada de las Nancys Rubias. Los curas, además, no se resisten a aceptar un razonable crepúsculo, sino que aún pretenden dirigir las costumbres sexuales de las gentes, desde su amplio conocimiento del tema. Según también cita Gregorio Morán, en 1964 y durante una inauguración oficial, Manuel Fraga Iribarne afirmaba que “en el XXV aniversario de la paz española, nuestros libros se venden en todo el mundo”. La frase, incluso, no requiere el uso del diccionario de construcciones singulares y está mejor redactada que las habituales perlas de Rajoy –es decir, de su heredero–, cuando señala, con precisión de registrador, la sorprendente abundancia de españoles en España, se emociona ante la belleza de las concentraciones de alcachofas, o desgrana mítines ante las vacas, en una demostración de su limpio animalismo y de la universalidad de su discurso. Pero Rajoy es sólo un ejemplo. Con escasas excepciones, más allá de las tonalidades, las imágenes y las letras no difieren mucho en la actualidad, tantos años después de haber escapado, de forma controlada, de una dictadura. En buena medida, la diferencia entre un mitin actual y las proclamas que se sucedían en la Plaza de Oriente en la época que revisa Morán, es que por aquel entonces las simplezas imperiales y los eslóganes de salón caduco las repetía sólo un viejo milico, al que –como a Alan Ladd cuando tenía que besar a Sofía Loren en La Sirena y el Delfín– le subían a un cajón para que hablara desde el balcón de la historia, y ahora son varios los que insisten.


Enlaces relacionados

El cura y los mandarines

The New York Times

El Mundo Today



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1 pensamiento sobre “Regreso al NO-DO”

  1. El PP no ve con buenos ojos la libertad de expresión ni el derecho a manifestar opiniones si no le son favorables. Por eso aprobó en solitario la Ley Mordaza. Por eso ha conminado a los editores de El Mundo Today, un diario satírico digital, a retirar una página en la que se criticaba humorísticamente al candidato a las elecciones, ese señor de barbas que fuma puros, so pena de emprender contra la publicación acciones legales. Los responsables de El Mundo Today han retirado la página, aunque sigue la información electoral con agudas críticas a todas las formaciones políticas. Ningún otro partido se ha sentido ofendido por las informaciones jocosas publicadas por El Mundo Today. El caso recuerda al semanario francés Charlie Hebdo, que fue atacado por dos terroristas radicales islámicos por difundir caricaturas contrarias a Mahoma. El PP no se acostumbra a los hábitos democráticos. Lo mismo es el parecido que tiene Mahoma y el señor de barbas que fuma puros lo que solivianta a los genoveses, como si se les despertase la ira y emprendieran una cruzada reparadora, aux armes citoyens, en un guiño mimético de castigo Mundo Hebdo.

    Gabriel de Araceli

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