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Escaparate ignorado

~ La actualidad examinada

Escaparate ignorado

Publicaciones de la categoría: Uncategorized

Angelitos belloS

30 viernes Sep 2016

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

≈ 2 comentarios

¡Ay, la inocencia perversa de esas imágenes ingenuas de equívocas criaturas adorables!

Un vídeo del angelito Aguado


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La revelación equinoccial de san Juan de Ortega

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Chulos de la muerte

28 miércoles Sep 2016

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Rafael Alonso Solís

Dicen que Queipo de Llano –aquel milico golpista y borracho, que alcanzara el grado de teniente general y disfrutara de un marquesado como premio a sus méritos–, durante su virreinato en Andalucía en la guerra civil, animaba a los machos por la radio a violar a las mujeres rojas con objeto de demostrar la esencia de la virilidad, el valor de los esteroides testiculares en la definición del carácter, la raza contenida en los cojones. De la misma época y calaña, aunque mucho más feo, era José Millán Astray, al que en Madrid aún se le ennoblece con la calle que lleva su apellido, a la que la actual alcaldesa ha propuesto cambiar el nombre por decencia. Millán Astray, compañero de armas y uno de los modelos castrenses de Franco, debió ser un psicópata sanguinario, un fantoche sangriento y amante de los cadáveres, una de las muestras más aterradoras de aquella España en la que una parte defendía a la muerte frente a la inteligencia, y así nos fue el pelo. Millán Astray fundó la Legión, un ejército de élite dura y carente de sutilezas, un cuerpo destinado a resolver los rescoldos de la nefasta política africana por la vía directa de los baños de testosterona y las cabezas cortadas adornando los árboles del jardín. A mano tenía, como lugarteniente, a Francisco Franco, que ya posaba para las esculturas de las plazas de los pueblos, se entrenaba para misiones posteriores matando moros y –un suponer– se masturbaba a la vera del Cristo de la Buena Muerte. No es de extrañar que con aquellos ejercicios espirituales, con aquellas señales de la cripta, se fuera forjando la personalidad del futuro caudillo fascista, y que, a la sombra del Atlas, aquel “sapo iscariote y ladrón” –como lo calificó León Felipe– soñara con repartir castigos desde la silla del juez, hacer de juez supremo, imponer la ley y el orden desde su silla, dirigir aquella suma de naciones y países como se dirige un cuartel o se pastorea un rebaño. A Millán Astray se le conoce por la gesta que protagonizara en la Universidad de Salamanca, rodeado de su guardia personal y apoyado por el clérigo Enrique Pla y Deniel –el cardenal español, más tarde arzobispo primado de Toledo, que definió aquella contienda como guerra justa, elaborando la justificación teológica de la misma–, cuando sacó su arma y amenazó a Miguel de Unamuno, viejo y decepcionado, quien tuvo el valor y la dignidad de plantarle cara a la muerte. El filósofo tuvo que salir del claustro del brazo de la mujer del dictador, que había asistido al acto, achuchado por una jauría desencajada y cobarde, dispuesta a iniciar la instauración de un terror que duró muchas décadas. Como si el tiempo no hubiera transcurrido, la Plaza Mayor de Madrid se ha llenado hace días de legionarios gritando contra Manuela Carmena, que se ha atrevido a poner el nombre del general fascista en su sitio y devolver un poco de limpieza al callejero.


Unamuno sale escoltado por el arzobispo Pla y Deniel y acosado por los legionarios de Millán Astray del acto de exaltación franquista en la Universidad de Salamanca, el 12 de octubre de 1936.

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Galería

La revelación equinoccial de San Juan de Ortega

23 viernes Sep 2016

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Esta galería contiene 16 fotos

Gabriel de Araceli El 21 de septiembre de 2016, a las 19 H (GMT+2) el sol se elevaba sobre el …

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Pasionaria y los siete enanitos

17 sábado Sep 2016

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Ángel Aguado López (Texto y foto de MVM)

     Leer un libro de Manuel Vázquez Montalbán es como adentrarse en una catedral gótica u observar El Jardín de las Delicias, un universo inesperado que te cae en las manos. Se necesitan días y días de atenta introspección y repetidas visitas para percibir una parte única del retablo extraordinario y radiante que se le presenta a los ojos del lector.

     Eso sucede al introducirse en el laberinto de “Pasionaria y los siete enanitos”. Manuel Vázquez Montalbán comienza su ensayo desentrañando el papel que desempeña en la mitología griega Psique, Afrodita y Eros, y en la posterior sociedad europea pre-burguesa el personaje-icono-rol de Blancanieves, o Cenicienta, la madrastra y los enanitos, siete, como los días, como los planetas, en torno a un astro, o a una mujer, a la que protegen, o a la que desean. Los argumentos de MVM son tan apabullantes que nadie, por muy erudito historiador que sea puede recriminarle una idea interesada o disgregadora, más allá de la pulcritud científica y documentada que revisten sus páginas. La referencia iniciática es una obra clásica de la psicosociología literaria, “Morfología del cuento”, un ensayo escrito por Vladimir Propp en 1928, aunque la inteligentzia europea lo ignorara hasta 1959; no se podía aceptar en la noche de la guerra fría un argumento proveniente del estalinismo de la CCCP. A partir de las ideas de Propp, MVM establece las consideraciones eróticas y sociales por las que el mito de Pasionaria se extendió por todo el orbe proletario como guía y madre de una revolución necesaria para cambiar el mundo: Blancanieves-Cenicienta-Psique-Afrodita-Eros-PCE-madrastra-pensionaria-abuelita; tiorra roja para la psicopatología castradora del enanito franquista; o el rechazo que sufrió en su libertad amatoria por parte de sus compañeros, los enanitos comunistas, impotentes para abrazar la otra revolución, la sexual.

     Dolores Ibárruri es Blancanieves-Psique como diputada electa en las elecciones de febrero de 1936. Su elocuencia espontánea y la naturalidad de sus palabras dolores_ibarruri_1936arrastraban a las clases hambrientas tras sus discursos. Y era aquel fervor denunciando los excesos del anti-republicanismo del Bienio Negro lo que la condenaba para la prensa reaccionaria: Afrodita-madrastra. MVM hace una exposición amplia y diversa de esos momentos tan difíciles de la historia de España, en los que una mujer de 41 años, con dos hijos a cuestas y otros cuatro fallecidos, separada y sin más bagaje cultural que su militancia obrera se expresa en el Parlamento y siembra el desconcierto y el odio de aquella otra España que, entonces como ahora, consideraba la piel de toro como su finca y a los españolitos como vasallos de usar y tirar. Será durante décadas la gran dama digna para todo el komitern estalinista, en un intercambio mutuo interesado de representación de los valores del comunismo pagado con el plato de lentejas que le concede la nomenclatura.

     Y pasará Pasionaria a Pensionaria tras su dimisión como secretario general del PCE, en 1959, recibiendo el culto a la personalidad que el PCUS impone a sus partidos satélites. Y ya en la transición democrática española, tras la exaltación a virgen procesional con la que la recompensará en Roma el enanito-ogro Carrillo recién muerto el sátrapa, Dolores pasará a ser la abuelita cariñosa a la que todo buen enanito comunista le dedica, al menos, una tarta de cumpleaños, en los 80.

     La madrastra nada sabe de los pecados inconfesables cometidos en la noche del comunismo. La desaparición en 1937 de Andrés Nin, o la purga de Jesús Hernández o de Jesús Monzón o de Francisco Antón, su amado del alma; o con posterioridad la expulsión de Semprún y Claudín, entre otros. O los ajusticiamientos que sufrieron (Carrillo miraba para otro lado) Heriberto Quiñones, o León Trilla, o Comorera; o las falsas acusaciones que el estalinismo vertió sobre el inocente y benevole Noel Field, o sobre Bedrich Geminder (Irene Falcón, la secretaria perpetua de Dolores y amante de Geminder lloró amargamente cuando un bilioso Semprún recordó durante la reunión del buró central, en Bohemia, en 1964, su brutal ejecución acaecida en 1952); o el fracaso de la Huelga General Pacífica en 1959; o la invasión de Hungría, en 1956, por los soviéticos a la que no puso reparos (aunque sí se opuso a la invasión de Checoslovaquia en 1968)  son asuntos que se diluyen en la dialéctica estalinista, como consecuencia del juego de alianzas que en aquellos años dominaba el mundo. ¿Erais cómplices o tal vez imbéciles? pregunta un acalorado Arthur London a los bragados comunistas españoles que aceptaron sin más, o por zampa, las imposiciones de Stalin.

     Dolores fue Blancanieves junto a Francisco Antón, su príncipe azul, catorce años más joven que ella. Una relación que mantuvieron con gran discreción, pero que se topó con la incomprensión y el rechazo de la mayoría de los enanitos comunistas, dogmáticos moralistas, machistas consumados, que arrastraban la frustración sexual que Lenin enunció deseable para todo buen bolchevique frente al amor libre, ¡aquella invención burguesa! De Blancanieves Ibárruri pasó a Afrodita, madrastra, hembra herida por el abandono de Antón, mantis religiosa que devora al amante y lo condena al averno de una fábrica perdida en Polonia por su deserción, por enamorarse de otra mujer más joven, por su heterodoxia, acusándole de ser un agente capitalista. Él, Antón, recibido por Stalin junto a Carrillo y Dolores en el Kremlin, en 1948. Él, Antón, de presumible secretario general del PCE a digno obrero manual en Varsovia. Después volverían a verse, en 1975, cuando el homenaje en Roma a la virgen de los Dolores, pero no se dijeron nada.

     Y fue Dolores la gran dama digna, la diosa Ceres cuando todos los enanitos se peleaban por el poder en la larga diáspora del exilio, entre París y Moscú, entre México y el interior, entre Crimea y Praga, entre Toulouse y Madrid. El enanito Líster, el enanito Uribe, el enanito Claudín, el enanito Ignacio Gallego, el enanito Castro Delgado, el enanito Semprún, el enanito Azcárate, o el enanazo Carrillo, el enanito más listo de todos, el zorro rojo, como lo denomina Paul Preston. Todos cavando, o socavando la mina comunista para apoderarse del gran diamante de la poltrona presidencial de la secretaría general del PCE. Dolores, Pensionaria en su doble condición de florero chino y mater amantísima, retrato de grupo con señora. La gran mentira del comunismo, el terror de Stalin, los partidos satélites clonados del PCUS, la sumisión del proletariado a los preceptos impuestos desde la cúspide estalinista criminal, la casta que pasa sus vacaciones en las dachas de Crimea, o que tiene acceso a los alimentos, a los pisos con calefacción en el gélido Moscú, o los que tienen cama en los hospitales, todo eso será obviado por el comité central, todos sonámbulos, puro vodka, nómadas, suicidas, militantes.

    Y fue la mater dolorosa que pierde a su querido hijo Rubén, muerto en la defensa de Stalingrado y héroe por tanto de la URSS. Esa tragedia la arrastrará amargamente a lo largo de sus días, como culpándose de su amor y dedicación por la causa obrera, por el romanticismo comunista, incapaz de vencer a pesar de sacrificios tan llorosos a la santísima trinidad capitalista: mercado universal, verdad neoliberal y ejército vigilante (el yanqui), como ahora.

    Y ya convertida en un símbolo inocuo ejerce hasta el final de sus días de abuelita venerable, siempre embutida en su vestido negro y su pelo recogido en un moño según la tradición vizcaína de mujer digna y vernácula, aceptando agradecida los homenajes que le hacen los enanitos nietos (Andrés Sorel, Jaime Camino), o inmutable ante las recriminaciones que le hace el enanito nieto díscolo, Gregorio Morán.

    Veintisiete años después del fallecimiento de Dolores Ibárruri puede parecer ociosa la lectura de este libro si no fuera porque lo escribió un gigante. Pasionaria ocupa un lugar recóndito en el anaquel de la historia reciente de España. Vilipendiada hasta la náusea por la hagiografía franquista, la olvidadiza memoria tampoco le ha otorgado un papel relevante en el feminismo patrio, como si su pasión amatoria a contra corriente no significara un hito en la revolución de las costumbres y los usos amorosos en aquellos tiempos plomizos, a pesar de la ceguera y la desaprobación de sus camaradas de partido que la condenaron por ser una mujer valiente en el amor.

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MVM en los cursos de verano de El Escorial, en 1990.

     Manuel Vázquez Montalbán es posiblemente el escritor más brillante que ha producido España en la segunda mitad del siglo XX. Su extensa obra trata todos los géneros imaginarios: poesía, gastronomía, ensayo histórico, crónicas sentimentales de las distintas transiciones políticas o sociales por las que ha pasado el país, novelista afamado y temido columnista, periodista, padre de uno de los personajes más leídos de la democracia, el cínico, irreverente, resignado y conmovedor detective Pepe Carvalho. Su prematura muerte dejó pasmado y huérfano al universo metafísico y literario europeo, al tiempo que la aznaridad descorchaba cava al verse librada del azote que tanto zahería con sus artículos entre otros al esperpento de los tres enanitos de las Azores, cuatro con Barroso. Después, todos supimos qué pasó. Quizás Blancanieves hubiera también gritado de espanto desde alguna tribuna, Pasionaria ella, contra las armas de destrucción masiva que el capitalismo neocon desplegaba nuevamente contra el harapiento proletario iraquí.

    Encontrar “Pasionaria y los siete enanitos” es una tarea ardua o imposible. Agotado, los esfuerzos por conseguirlo en librerías de viejo han resultado estériles. Existen tres ejemplares en la red de bibliotecas públicas de la Comunidad de Madrid. El ejemplar consultado ha recibido desde su aparición, 1995, la visita de veintiún lectores, según consta en el estadillo de anotaciones de fechas. Veintiún lectores en veintiún años. Magra costumbre la de leer en este país sacudido por su violenta historia.

    No se descarta el presumible boicot editorial a una reedición que puede haber sufrido un rojo como MVM y una obra como esta en un lugar como este. Más aún en estos tiempos, cuando la política cultural del Gobierno, ahora en funciones, estuvo representada por un espécimen enanito que tras su desconcertante gestión educativa marchó a París a vivir libertariamente, pasionario él, su nuevo amor con otra guerrillera desertora de la aznaridad. Seguramente en la Avenue Klèber, donde se reunían, clandestinos, los enanitos del comité central.


pasionaria1-001 pasionaria2-001

Pasionaria y los siete enanitos

Manuel Vázquez Montalbán

Editorial Planeta, Espejo de España, 2ª edición, junio de 1995. 542 páginas.


Enlaces relacionados:

Dolores

Bagdad, trece años después

 

 

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Esperando a Quintana

11 domingo Sep 2016

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Gabriel de Araceli

Reclama Venus, ¡oh, el amor!, a Adonis que no parta a la guerra. Tiziano. Ese escorzo, nalga y espalda que se enrosca cautivo en el pecho del guerrero porque sabe que se perderá en la batalla, que su pasión quedará en cenizas. Súplica, evidencia cruel de la tragedia, Adonis, Cupido dormido. Sin ti no queda nada. La espera al paso de los ciclistas semeja el triste final que, en un suspiro, nos aturde cuando los 180 atletas del pedal se cruzan en un segundo ante nuestros ojos incapaces de distinguirlos, como si una estela atravesase el cielo, apenas un relámpago. Dos horas antes la carretera se corta al tráfico bajo la atenta vigilancia de los municipales. Y Venus, ruborosa, aprieta contra su pecho el de Adonis, un instante más, otro instante eterno, amor mío. El helicóptero ronronea una hora antes sobre los cielos como si los labios de Venus susurraran al amante su atención. La construcción del amor, lentamente fogueado a besos tiernos. Y es un sinfín de motos de televisión, de prensa y coches lentamente desgranados en procesionaria hilera sin que de los ciclistas nada se sepa, se les espera. Ahora es Adonis el que, herido de amor, se abraza a Venus para darle un penúltimo abrazo y se enzarzan en duelo singular, mientras Cupido, ya despierto, dispara certero sus dardos emponzoñados. Y pasan más motoristas, la Guardia Civil infinita, con unas motos enormes que parecen bajeles atajando el mar de asfalto, y tendido en la pradera el sol pega con saña al espectador como exigiéndole valor y fe en los ciclistas venideros. Venus y Adonis se entregan al deseo y yacen revueltos en los mantos de Cupido, sin freno, sin descanso. Por más motazas que pasan, por más coches de enlace y camiones y helicópteros, caravana interminable, no hay rastro de los ciclistas, 30, 40 minutos de retraso. ¡Ay, Adonis, ay, Venus!, el amor es un trueno que se escapa entre las azucenas olvidado. Y llegan nuevos coches y sirenas de las motos y más furgonetas, pero de los ciclistas nada se sabe, quizás dormidos en el sol de holocausto que abrasa el septiembre madrileño. Venus y Adonis desenroscados, desabrazados, parte a la guerra él y ella, de amor herida, sabe que no volverá. Y de repente, tras la rotonda aparece una verbena de luces y de sirenas, más motos y más coches, y sí, ahora son ellos, por fin, los ángeles alados sobre caballos de carbono y tubulares y suenan los aplausos y los gritos de ánimo y una fina fila de pegasos vuelan raudos, tan guapos, tan jóvenes, tan amorosos, en apenas unos segundos sin que dé tiempo a distinguir siquiera al jefe rojo, centurión protegido por su legión de ángeles guardianes. Y eso fue todo, se terminó en un instante, como el amor, como el coito, abrazos entretegiendo la pasión desbocada. Y olvidada. Tristeza del amor consumado. Ganó Quintana.


Los ciclistas a su paso por Majadahonda, apenas un destello entre las motos.

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Las bendiciones de aumento

07 miércoles Sep 2016

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Cuentos de verano (8)

LAS BENDICIONES DE AUMENTO
PRIMERA PARTE.–LA MUJER SATISFECHA

Félix María de Samaniego

Reñía una casada a su marido
porque no estaba bien favorecido
por la naturaleza,
y a gritos le decía:
—Fue una gran picardía
que con tan chica pieza
pretendieras casarte y engañarme
puesto que no podías contentarme;
marcha, marcha de casa,
pues tu fortuna escasa
te dio para marido sólo el nombre
y eres en lo demás un pobre hombre.
En efecto, salióse despechado
el infeliz al campo, contristado,
y, a muy poco que anduvo,
el buen encuentro tuvo
de un mágico, que al sol leyendo estaba
y en su libro a las furias invocaba.
Luego que vio al marido
el mágico le dice:
—Tú has venido,
amigo, a este paraje a remediarte
y yo te espero para consolarte:
por mi ciencia sé bien lo que te pasa
y ahora mismo a tu casa
te volverás contento.
Toma: ponte al momento
en la derecha mano
este anillo, que tiene virtud rara,
pues todo miembro humano
bendecido con él, crece una vara
a cada bendición rápìdamente:
pero, puesto en la izquierda, prontamente
mengua lo que ha crecido
por la derecha mano bendecido.
Al punto el hombre, lleno de impaciencia,
quiso hacer del anillo la experiencia:
lo pone en su derecha, se bendice
la piltrafa infelice,
y se la ve aumentar de tal manera
que, si el mágico a un lado no se hiciera,
con él diese en el suelo:
tan rápido estirón dio aquel ciruelo.
Alegre a su mujer volvió el marido
y la dice:
—Ya vengo prevenido
para satisfacer tu ardiente llama:
ven conmigo a la cama,
pero encima de mí has e colocarte
para poder mejor regodearte.
Sobre él luego se pone
la mujer, y al ataque se dispone;
y, viéndola el marido bien montada,
echó la bendición premeditada…
y otra… y otras corriendo, de tal suerte
que, alzándola en el aire el miembro fuete,
la moza en él clavada parecía
un esclavo que empalan en Turquía.
Viéndose contra el techo así ensartada,
pide al cielo favor. Entra asustada
la madre, y ante cuadro tan terrible
da un alarido horrible
diciendo:
—¡Santa Bárbara bendita,
qué visión tan maldita!
¡Venga un hacha que esté bien afilada
para cortar garrocha de tal porte!
Mas la mujer repuso atragantada:
—¡No, madre! ¡Rompa el techo, mas no corte!

Canecillo en la iglesia de Fuentidueña, Segovia, siglo XII

SEGUNDA PARTE.–EL CAUDAL DEL OBISPO

Ya recuerda el lector a aquel marido
que, por mágico anillo socorrido,
alzó en su miembro a su mujer al techo;
sepa también que, al cabo satisfecho
de su esposa y vengado,
en un medio dejó proporcionado
el lanzón monstruoso
y vivió en adelante muy gustoso,
dándole aumento o merma en ocasiones,
con derechas o zurdas bendiciones.
Un día, paseando alegremente,
llegó junto a una fuente
en donde, por azar, quiso lavarse
las manos, y en el agua refrescarse;
la sortija encantada
sacó del dedo y la dejó olvidada
allí, sin que cayera
en ello ni su falta conociera;
fuese, verificado su deseo;
y, a muy poco, el obispo de paseo
vino a la misma fuente deliciosa
y, viendo una sortija tan preciosa,
con tal hallazgo ufano,
se la coloca en su derecha mano.
Al tiempo que a su coche se volvía,
un pasajero le hizo cortesía,
a que el obispo corresponde atento
con una bendición, y en el momento,
saltando el trampillón de sus calzones,
ve salir de sus lóbregos rincones
un matamoscas, largo de una vara,
que igual entre mil frailes no se hallara.
Su Ilustrísima, al verlo, con el susto,
se empezó a santiguar como era justo;
pero, mientras más daba en santiguarse,
más veía aumentarse
por varas, a la vista,
su lanzón, sin saber en qué consista.
Los pajes al obispo rodearon
y a sostener el peso le ayudaron
de aquella enorme cosa,
encubriendo la mole prodigiosa
con todos sus manteos y sotanas;
pero estas diligencias eran vanas,
porque, apenas un nuevo pasajero,
se quitaba el sombrero,
viendo al obispo y él le bendecía,
cuando otra vara más se le crecía.
Por fin, cerca la noche,
como mejor pudieron, a su coche
llevan al Ilustrísimo afligido;
pero, para que fuera en él metido,
el cristal delantero le quitaron
y así la mitad fuera colocaron
de aquel feroz pepino
semejante a una viga de molino.
A oscuras, muy despacio,
al obispo llevaron a Palacio;
con trabajo pusiéronlo en el lecho
y de la alcoba abrieron en el techo
agujero por donde penetrara,
según su altura, aquella cosa rara.
La fama pronto lleva
de unos en otros la sensible nueva
del caudal que al obispo le ha crecido,
hasta que, sabedor de esto el marido,
de la sortija dueño,
trató de recobrarla con empeño.
Para ello en el palacio se presenta
y por seguro cuenta
menguar del Ilustrísimo el recado,
si un anillo le dan que habrá encontrado.
Admitiendo el partido,
el obispo, gustoso, al buen marido
entrega la sortija, y él con tiento
en su siniestra mano en el momento
la pone, y bendiciendo a su prelado,
vio por varas el miembro rebajado.
No quedaba al paciente
ya más que aquel tamaño suficiente
con que desempeñaba sus funciones;
pero viendo que a echar más bendiciones
se disponía el médico oficioso,
le ataja temeroso
diciéndole:
—¡Por Dios, que se detenga,
y no otra nueva bendición prevenga,
que me pierde con ella si porfía!
¡¡Déjeme al menos lo que yo tenía!!

Félix María SAMANIEGO
El jardín de Venus, 42

Paul Avril. Les sonnetts luxurieux. 1892

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El cuervo

25 jueves Ago 2016

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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(Cuentos de verano, 6)

Un tórrido lance de mozas y de arrieros

Félix María de Samaniego

En un carro manchego
caminaba una moza inocentona
de gallarda persona
propia para inspirar lascivo fuego.
El mayoral del carro era Farruco,
de Galicia fornido mameluco,
al que, en cualquier atasco, daba asombro
verle sacar mulas y carro al hombro.
Un colchón a la moza daba asiento,
porque el mal movimiento
del carro algún chichón no la levante.
(Lector, es importante,
referir y tener en la memoria
la menor circunstancia,
para que, por olvido o ignorancia,
la verdad no se olvide de esta historia.)
Yendo así caminando,
vieron un cuervo grande que, volando,
a veces en el aire se cernía
y otras el vuelo al carro dirigía.
—¡Jesús, qué pajarraco tan feote!
—dijo la moza—. ¿Y ese animalote
qué nombre es el que tiene?
—Ese es un cuervo —respondió el arriero—,
embiste a las mujeres y es tan fiero
que las pica los ojos, se los saca,
y después de su carne bien se atraca.
Oyendo esto la moza y reparando
que el cuervo se acercaba
al carro donde estaba,
tendiose en el colchón y, remangando
las faldas presurosa,
cara y cabeza se tapó medrosa,
descubriendo con este desatino
el bosque y el arroyo femenino.
Al mirarlos Farruco, alborotose;
subió sobre el colchón, desatacose,
sacó… ¡poder de Dios, qué grande que era…!
y a la moza a empujones
enfiló de manera
que del carro los fuertes enviones,
en vez de impedimento,
daban a su timón más movimiento.
Y en tanto que él saciaba su apetito,
ella decía:
—¡Sí, cuervo maldito;
pica, pica a tu antojo,
que por ahí no me sacas ningún ojo!

(Félix María Samaniego, El jardín de Venus, 19)


Gracias a Emilio Pascual por su excelso conocimiento de los jardines prohibidos del placer.



El jardín de Venus fue escrito por Samaniego en 1780, aunque sólo se distribuyó clandestinamente y fue publicado en 1921. La caricatura superior representa a la reina Isabel II fornicando con un burro, una forma sarcástica de propagar la lascivia irredenta y borbónica de la reina. Supuesta obra de los hermanos Becquer, Valeriano y Gustavo Adolfo, es de 1865-1870. Esa capacidad orgiástica de la hija de Fernando VII, la más grande polla del reino, es, sin duda, uno de los méritos por los que la reina cuenta con una plaza en el centro de Madrid. ¿Hay alguno más?

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Exilio y verdín

21 domingo Ago 2016

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Cuentos (versos) de verano (5)

Aurora Vélez

Mi abuela decía: no se es de donde se nace,

sino de donde se pace.

Ma grand-mère disait: on n’est pas de là ou l’on naît,

mais de là ou l’on mange.

 

El alma híbrida de los expatriados,

de los emigrantes, de los exiliados.

L’âme hybride des expatriés,

des immigrants, des exilés.

 

La identidad ancha y ciega ante la ley,

las velas extendidas, las uñas rotas.

L’identité large et aveugle face à la loi,

les voiles déployées, les ongles cassés.

Las cicatrices visibles y las que se esconden y

nunca se borran.

Les cicatrices visibles et celles que l’on cache et

disparaissent jamais.

 

El exilio impuesto, el que se hereda, el que se elige.

L’exil imposé, celui que l’on hérite, celui que l’on

choisit.

 

No se es de donde se nace sino de donde se quiere,

o de donde se odia.

On n’est pas de là où l’on naît mais de là où l’on aime,

ou de là où la haine.

 

Y el volver vuela como una cometa.

Et le retour s’envole comme un cervolant.

       Extraído de “De exilio y verdín” (Ed. Torremozas, Madrid, 2016)


El próximo 3 de septiembre, a las 19 H, sábado, Aurora Vélez ofrecerá un recital en Toledo, con acompañamiento de piano en Voix Vives, bajo la sombra de Garcilaso.pececitos


Enlaces relacionados

www.auroravelez.com

De exilio y verdín

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