Las botas, el chaval y el vigoréxico

Gabriel de Araceli

No es lo mismo un muerto en París que uno en Estambul. No es lo mismo un ametrallamiento en  la sala Bataclan que aviones “aliados” bombardeando un hospital de Médicos sin Fronteras en Siria. No es lo mismo un atentado en les Champs Elysées que en un mercado de Bagdad. En la France huele a J’adore y en Irak a pachuli. El muerto occidental nos merece más respeto que el oriental. Los refugiados ni compasión nos provocan, que vienen a comerse nuestras despensas insolidarias. Mientras a ellos los ignoramos apoyamos a los sátrapas que les llevan al hambre. Bashar al-Ásad era útil a Occidente y le dejábamos que masacrara al opositor cerrando los ojos. Erdogan es un monstruo represor en su país, pero Occidente le paga para que contenga a los muertos y a las bombas en sus fronteras. Los ahogados en Lesbos o en Lampedusa son una incomodidad que los periodistas, molestos siempre, se empeñan en airear. Ahora, con la excusa de la amenaza islámica y la seguridad los gobiernos del mundo aprovechan para imponernos una merma de libertades a los ciudadanos, que ni protestamos porque nos multan por desafectos. “Acojona, que algo queda”, es el lema que se lanza constantemente desde la tribuna del orden mundial.

 La cosa se inició con aquel pistolero fanfarrón, cowboy de medio pelo ascendido a presidente USA. Le rieron las gracejas Tony Blair y el canijo vigoréxico de abdominal retorcido, las botas sobre la mesa. Fue el comienzo de la gran chingada. Nos apuntaron por decreto a una guerra de destrucción masiva, agitaron el mundo con sus misiles caducados (necesitaban modernizar el arsenal) y se llenaron los bolsillos con la subida del petróleo. Nos dejaron el paro, la crisis, la incertidumbre, los desahucios, el caos y sus deudas, que ahora pagamos con amenazas terroristas, con recortes de derechos y presupuestos. Y con miedo. Pero tragamos, seguimos votándoles.

La primera foto la distribuye el servicio secreto de Ucrania. Han detenido a un francés que iba a cometer atentados en Francia aprovechando la eurocopa futbolera. Occidente se alarma con la artillería del terrorista, se declara partidario de la mano dura. Una segunda lectura de la noticia inspira recelo si se piensa en la oportunidad de desvelar ahora una foto así, cuando Ucrania, Rusia y la comunidad occidental se zancadillean mutuamente en los campos de minas de las alianzas internacionales. Se han encontrado restos de un misil ruso junto con los del avión malayo derribado hace dos años en territorio ucraniano. Los civiles han pasado a ser objetivo de guerra y con los muertos se juega al póker mentiroso de la política mundial. La balanza del terror no se inclina entre barbas o rapados.

La segunda foto fue en Madrid, en 1992. Pasaba por la glorieta de Quevedo y me encontré con una persecución policial a un jovenzuelo capullo y ladrón que acababa de atracar un banco. Mi ímpetu juvenil de reportero consiguió esa imagen que vendí a El Mundo por 10.000 pelas*. Los maderos con las pistolas al aire, la bota sobre el chaval y yo allí, a dos metros del suceso como si fuera teatro. La cara de pijo cocainómano que gasta el mozo es tan enternecedora como patética. Comenzar la juventud así, pillado por la pasma y fotografiado por un periodista, molestos siempre. ¿Qué habrá sido del chaval, habrá aprobado con brillantez el master de delincuencia, se habrá apuntado de cajero en algún partido?policias_1

Entonces nos creíamos los reyes del mambo. Nos vendieron a la familia real comiendo perdices en los juegos olímpicos, la Expo de Sevilla, el Ave, las autovías y el milagro español. Y nos lo tragamos. Veinticuatro años después estamos más cerca de Alepo que de cobrar una pensión. Hay unas elecciones en quince días, pero las fuerzas que rigen nuestros destinos siguen siendo las mismas y han decidido que nada cambie, que sigamos siendo los rehenes de sus deseos, pisándonos con la bota en la espalda._DSC0174_web

*Actualmente Associated Press paga unos 70$ por un reportaje en zonas de conflicto. Un precio muy similar al de entonces. Informar no sale rentable, los periodistas molestan siempre. Fotografías de Ángel Aguado López, excepto la ucraniana.

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1 pensamiento sobre “Las botas, el chaval y el vigoréxico”

  1. Pisándonos con la bota en la espalda o con la cabeza sumisa, humillada, cual toro que estuviera esperando la puntilla. Dice hoy (10 de junio) El Roto en su viñeta de El País: ” Los llaman exámenes, pero se trata de saber si agachamos bien la cabeza”. (Aparecen unos examinantes todos gachos, en posición de escribir, tonos grises, atentos a su folio, excepto una chica, pelo rojizo, que con la cabeza levantada expresa este pensamiento).

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