Este relato forma parte del libro PERDEDORES, que obtuvo en 2017 el XXVIII Premio TIFLOS de Narrativa. Editado por Edhasa Castalia

  Resumen de lo publicado: Las muertes en accidentes aéreos de Emilio Mola y Camilo Cienfuegos suscitan todo tipo de dudas entre los historiadores, porque ambos pugnaban por el liderazgo en las revoluciones de España y Cuba, en las que al final se impusieron eternamente  Franco y Fidel. ¿El azar, un sabotaje, la traición? La historia sólo recuerda a los vencedores. Con esos ingredientes, Anne Marie Debray escribe un guion para la BBC sobre los tiranos del siglo XX. Las revelaciones de alcoba muestran las personalidades distintas de ambos dictadores. Franco utilizó la muerte de José Antonio, «el Ausente», en su provecho.


Gabriel de Araceli

La carrera política de José Antonio fue irrelevante. “Nunca fue capaz de hipnotizar a una audiencia masiva como lo hacía su admirado Mussolini” [Las tres Españas del 36. Pág. 127. Paul Preston]. Conocido como el hijo de Primo de Rivera fue elegido diputado por Cádiz (encuadrado en un partido de aluvión monárquico conservador) en las elecciones del 19 de noviembre de 1933. No repitió escaño en las elecciones de febrero de 1936 (Referido por Paul Preston; Las tres Españas del 36). En esos años se dedicaría a coquetear con el fascismo en Italia y a fundar Falange (29 de octubre de 1933). Serrano Suñer, casado con una hermana de Carmen Polo (esa pareja a la que señora de Meirás vetó su presencia en las recepciones de El Pardo), presenta a Franco a José Antonio, en febrero de 1932.

Y el resultado no pudo ser menos amistoso. El caudillo consideró al hijo de Primo de Rivera como un señorito y un aficionado al politiqueo. Y José Antonio consideró antipático, poco fiable, ambiguo, calculador, receloso y frío al general. Ambos volverían a encontrarse el 8 marzo del 36 en Madrid, con un desenlace similar, no se soportaban [Citado por Juan Pablo Fusi. Franco. Taurus. 1995]. Fue en una reunión secreta en la que también Franco se entrevistó después con Mola, Orgaz, Fanjul, Varela, Kindelán, Saliquet, Villegas… la plana mayor que se levantaría en armas cuatro meses después. Esa fue toda la relación personal que tuvieron los dos líderes.

El fusilamiento de José Antonio fue un error tremendo de la República, porque el líder falangista era enemigo natural de Franco y hubiera sido un rival difícil de digerir para las aspiraciones todas poderosas del generalísimo. Con el camino generosamente expedito que le dejó la torpeza de Largo Caballero (entonces presidente del Consejo de Ministros de la República) fusilando a José Antonio, Franco se dio un festín de poder, asimilando en su provecho la ideología de los camisas azules.

Don Jose Antonio Primo de Rivera, leider der Spaanse fascisten, geëxecuteerd 20 november 1936 *19 november 1936

Al parecer, hubo varios intentos de liberar a José Antonio de la prisión de Alicante. Indalecio Prieto, que respetaba a José Antonio, propuso al bando rebelde intercambiarlo por otros prisioneros (entre ellos el hijo de Largo Caballero, en poder de los franquistas) y una suma en metálico. Se cuenta que hubo una mediación de Queipo de Llano, que ideó una improbable acción de comandos, a pesar de que él y José Antonio llegaron a las manos durante la dictablanda en un café de Madrid, el Lión D’Or, en febrero de 1930 [relatado por Sancho Dávila en su libro: José Antonio, Salamanca y otras cosas]. Incluso se reunió dinero para sobornar a los guardianes carceleros. También se requirieron los servicios de la inteligencia nazi a través del consulado alemán en Alicante. Pero ninguna gestión o intento tuvo éxito. Ángel Viñas documentó en 1980 el poco interés, incluso la labor de zapa emprendida por Franco para que José Antonio no saliera vivo de su reclusión. Después, ya sin rivales absorbió la doctrina de Falange usándola como cuerpo ideológico del que el franquismo carecía, convirtió a José Antonio en un héroe enterrado con honores en Cuelgamuros y miró para otro lado cuando los chicos del Cara al sol llenaron de cloacas la administración del Estado.

dionisio_ridruejo

A los dionisiosridruejos, a los laínesentralgos, a los giménezcaballeros, a los hedillas, a los sánchezmazas y a los agustinesdefoxás, o bien Franquito los desterró o bien los fagocitó como amebas en el plasma urinario de la mediocridad lavativa del catecismo social nacional franquista. Franco fue el vencedor omnímodo desde su antipatía y su baja estatura moral, también física. “Los falangistas venderían sus ideales a cambio de pensiones vitalicias de Franquismo SA” (Herbert Southworth).

Anne Marie conocía los hábitos de los falangistas españoles porque una gran parte de su ideología la había adoptado y camuflado con toques de populismo y estética renovada el Front National francés, al que su padre, Regis Debray, había combatido ideológicamente a priori en aquella selva amazónica y traicionera del río Ñancahuazú, junto al Che. Pensó que aquella lucha por cambiar el mundo de un puñado de idealistas guerrilleros en los 60 había sido estéril, y que la historia, como un fénix resucitado, se revolvía contra la razón e imponía nuevamente la ideología de la intransigencia y del fascismo.

SECUENCIA 5. INTERIOR, NOCHE (En el purgatorio)

DIONISIO RIDRUEJO

A todos nos engañó Franco, a todos nos confundió con aquellos modales de mojigato, de generalazo curtido en mil batallas, de héroe africano y salvador de la patria, cuando lo que en realidad quería era convertirse en un dictador exagerado. Sólo le movía el interés personal, incluso se aseguró de que March le asignara una fortuna por si le salía mal el levantamiento. Y a ti, José Antonio, te utilizó como nadie jamás se ha aprovechado de un muerto. Eres el muerto más rentable de la historia de España. Sobre tu memoria levantó Franco su reinado del terror y de las mentiras. Y ya vencedor nos traicionó, traicionó nuestra revolución, nuestra idea de cambio social, traicionó el porvenir de España. Con él, nunca rio la primavera por el cielo, la tierra o el mar de nuestra patria.

JOSÉ ANTONIO

Nunca nos caímos bien, desde aquella vez que tú me lo presentaste, Ramón, cuando tu boda. El general siempre me pareció marmóreo, como una estatua incapaz de expresar sentimientos. Desconfiado, rígido, suspicaz, resentido, siempre a la defensiva. Sí, a todos nos engañó. A todos nos utilizó. Utilizó mi figura, millones de veces repetida, como un ecce homo de perfil en las escuelas, en los despachos, en los ministerios, en los cuarteles a la que encomendar la promesa de regeneración marchita, en la que descargar su culpable impotencia de dictador taimado. Utilizó mi nombre y puso en su boca palabras que yo nunca pronuncié, pensamientos que yo nunca escribí, doctrinas que nunca idealicé. Se sirvió de nosotros para sus planes personales. Pero también nosotros tenemos la culpa porque no quisimos pararle los pies. Nos vendimos por un plato de servilismo, bien pagaos. Fuimos los bien pagaos, por un puñao de parné le legitimamos. Cortesanos adorando al becerro de oro. No, no era eso, no era ese nuestro sueño.

SERRANO SUÑER

Creamos al monstruo y después nos devoró. Aunque sin la ayuda de aquella jauría de la burguesía eterna de la profunda España, que nos jaleaba para que ensangrentáramos la historia con nuestras pistolas no hubiéramos sido nada. Éramos insignificantes, un puñado de brabucones y paletos muertos de hambre de la Castilla tullida y malhechora. Tú, al menos has sido el eterno ausente. Tu corta vida fue, sin embargo, perpetua en el ideario nacionalfranquista, como un vigilante o una amenaza que planea en vuelos silenciosos desde las alturas controlando que todo esté en orden. No podías evitarlo, lo sé. Imagino que estarás herido porque no podías defender tu honor, tú no eras eso en lo que te convirtió Franco. Querías para España otra verdad, otro rumbo, otro destino universal. Y Franco te manchó la memoria y te elevó a un altar en el que tú no querías ser santo. Eras el muerto. El Ausente. ¡Presente!

JOSÉ ANTONIO

La historia me asignó un papel que yo no quería. Quién sabe, de no haber muerto lo mismo hubiera sido un abogado de prestigio como tú, Ramón. O un romántico enamoradizo como tú, Dionisio. O tal vez me hubieran perdido las mujeres, como a vosotros dos, y aquellos ideales revolucionarios nacional sindicalistas se hubieran arrinconado tapados por el olor de unas enaguas de mujer a la luz de la lumbre. A la luz de un cara al sol de amaneceres entre cinco rosas perfumadas de hembra. Al menos vosotros vivisteis unas vidas, pero yo viví en la muerte y soy muerte viva, muerte solemne, perseguido por las muertes de los demás que yo no maté y que ahora la historia me reclama, señalado como culpable y cómplice de los crímenes de un dictador bajito que a todos nos mató con su locura redentora. Sólo fui una fotografía en blanco y negro millones de veces alabada, millones de veces despreciada.

DIONISIO RIDRUEJO

Yo sufrí en vida el destierro y el desprecio del general. Le pedí cuentas por sus acciones en la posguerra y en Múnich y me castigó con el exilio, con el ostracismo y el silencio. Y como yo otros que no se vendieron por el saco del pienso sufrieron el aliento del tirano sobre sus nucas. Hedilla fue condenado a muerte, y murió en una vida estéril y vacía, al contrario que tú, José Antonio, que viviste resucitado en la muerte. El gran tirano, el gran mentiroso, ahí siguen confundiendo tu memoria con sus asesinatos, la memoria de todos nosotros con sus crímenes. Caídos todos por dios y por España, o por Franco.

SERRANO SUÑER

Nos creíamos poderosos y protagonistas y sólo fuimos títeres en manos de un tirano. No volvimos victoriosos al paso alegre de las banderas y sólo hubo la paz de los cementerios que Franco llenó de muertos con nuestras pistolas, con las pistolas que nosotros empuñamos, que tan útiles le fuimos y por tan poco nos vendimos. No hubo primaveras con el general, sólo humo de crematorio e invierno áspero y duro de nieve negra manchada de sangre y estiércol por las cunetas de España.

FUNDE EN NEGRO

franco_serrano_mussoliniFranco saluda a Mussolini en Bordighera, el 12 de febrero de 1941. El «Cuñadísimo» Serrano Suñer toma nota.

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Dionisio Ridruejo: Rebelde con causa