Manuela Lozano (fotos y texto)

Llego a Inglaterra el pasado 3 de septiembre ilusionada con la boda de mi prima Diana y Nathaniel, su novio de siempre. Se celebra en Knowler Manor, en Dunster, cerca de Bristol, en una mansión con un lago, jardines y un río pequeño que le da una belleza mágica al lugar. Los invitados, con mucho parné, se sienten ilusionados por el evento, por el paisaje, por el reencuentro.

Diana y Nat el día de su boda, el pasado 3 de septiembre.

Finalizados los fastos de la boda nos despedimos. Yo me quedo con mi familia inglesa unos días más. La tele nos sorprende con la noticia de la muerte de la Reina, suceso que conmociona a todo el país. Mi familia, todos los miembros, se muestran anonadadas, incrédulos por todo lo que está ocurriendo, se sorprenden cuando oyen por primera vez en sus vidas el “God Save The Queen”. Incluso mi tía, una señora de 84 años, no lo había escuchado nunca a lo largo de su existencia. Para el pueblo ha sido un golpe impactante.

Castillo de Knowler Manor, en Dunster, Bristol, lugar elegido por los novios para su boda. ¡Una buhardillita!

Parece ser que tres días antes de morir, la Reina habló con su hijo y le dio toda la información de lo que debería hacer. Y nos sorprende lo bien organizado que está el protocolo inglés, como si llevaran meses ensayandolo todo. A los ingleses la Reina Isabel les parecía eterna, inmortal. Se cree que Carlos III ha hablado con su hijo diciéndole que reinaba él como una preparación anticipada para que Guillermo se fuera haciendo a la idea de ser pronto rey. Todo eso a pesar de que la reina consorte sea Camila Parquer, no excesivamente apreciada por los ingleses. La sociedad inglesa, de costumbres tan arraigadas, ha sufrido muchos cambios que la Reina y la casa Windsor, tan tradiciones, han asimilado para adaptarse a los nuevos tiempos. Ni su hijo Andrés ni su nieto vestían uniformes militares en el desfile del entierro. Aunque no ha faltado ninguno de los miembros de esa familia tan errática. Del nuevo rey, Carlos III, se conoce su mal carácter y que es muy peculiar, incluso torpe, incapaz de actuar frente a las cámaras con el empaque necesario para la ocasión. Mi familia inglesa cree que nada importante va a cambiar con la muerte de la Reina Isabel, pero ya se rumorea que el nuevo rey está “haciendo de las suyas”. Esperemos que esa presumible “lógica real” no se cumpla.

Gentes guapas invitadas a la fiesta.

Como observadora extranjera que he trabajado en Inglaterra y adonde viajo desde hace más de treinta años tengo sentimientos contrapuestos hacia la Reina. Cuando murió Lady Di gran parte de la sociedad inglesa le achacó su responsabilidad por la indiferencia que recibió la princesa de la casa real. Aunque es cierto que su figura ha mantenido unido al país y a la Commonwealth Countries. Es un país que ha funcionado bien a pesar del error del Brexit, a pesar de Boris. Ahora, a esperar.


La Reina ha muerto, viva el Rey

Carmelita Flórez

Esa reina inmortal de un país aparte que se desvanece negando su europeísmo. Este nuevo rey capaz de caminar (parece que le tienen que planchar los cordones de los zapatos) y de comer chicle a la vez. Ese premier que metía los dedos en los enchufes de Downing Street 10 mientras celebraba fiestas durante la pandemia. Ese emérito que acude invitado a los funerales de estado de la Reina (son tataraprimos) con la alarma de Moncloa. Esa memoria incómoda del accidente en los túneles parisinos del Pont de l’Alma. Esos beefeaters que vigilan The Tower of London. Esos gamberros bebedores de cerveza que llenan de meadas y peleas la Plaza Mayor de Madrid los días de Champions. Ese circular por el lado erróneo de la calzada. Esas imágenes de la BBC que muestran a un país conmocionado por la desaparición de una reina conservada en formol. Esa policía ejemplar, Scotland Yard. Ese servicio de inteligencia británico, el MI6, que conoce a la perfección el día a día de Putin. Esos jubilados que pueblan la Costa del Sol, Benidorm, Marbella, el Levante entero para secarse como pasas de las nieblas londinenses. Las Spices Girls, los alegres muchachos de Liverpool, la Dama de Hierro, los torys, Elton John, las alubias con salchichas del breakfast y el té de las cinco. Esa Union Jack ondeando a media asta en las rotondas de las ciudades dormitorio de Madrid. All you need is love. En fin, United Kingdom.

¡Vivan los novios!