Diálogo entre Carmelita Flórez y Terry Mangino (también fotos)
—La milicia y la religión siempre han ido de la mano. Ahí tienes al energúmeno ese del despacho oval, que se reúne con un montón de pastores evangélicos, todos muy trajeados, todos muy arrebatados de fervor mesiánico rezando a la vez, un rebaño que le apoya en su lucha contra el mundo para que pueda bombardear a su enemigo con la ayuda de su dios, porque todo el que no piensa como él es su enemigo. Es la nueva Inquisición, una justificación medieval de la violencia, como si el ídolo sagrado de su estulticia le diera licencia para matar.

—Sí, las religiones sólo han servido para que la humanidad se enfrente entre ella a lo largo de la historia según sus creencias. Cristianos contra judíos, musulmanes contra cristianos, musulmanes contra judíos, judíos contra islamistas, ultraortodoxos apoyando al Kremlin, todos contra todos por asuntos de fe. Las Cruzadas. No deja de ser una cruzada la que vive Oriente Medio. Esos ayatolas bárbaros triturando a su población civil. Ese justiciero del Caribe dispuesto a liberar al oprimido enarbolando la bandera de su libertad, de los bombardeos, declarando el apocalipsis con la falsa excusa de que en Teherán existen armas de destrucción masiva. Ese mandamás judío sanguinario dispuesto a seguir matando a seres inocentes, a niños, a viejos, a personal sanitario, a periodistas que denuncian sus crímenes, a mujeres para evitar ser procesado por la Justicia de su país.
—Guerras y guerras, ese es el patrimonio que han dejado a lo largo de la historia del mundo el enfrentamiento de las religiones entre sí.
—Admiro a esas señoras que se engalanan para desfilar marcialmente en la procesión junto a una talla de madera. Tan guapas ellas, tan inmersas en su papel de madonas, rozando la gloria el viernes santo. Sí, será eso, la fe mueve montañas.

—Sí, porque no deja de ser una montaña la que mueve ese grupo de cofrades que cargan sobre sus espaldas una imagen de un cristo penitente, o de una virgen afligida por la pérdida del hijo. Pertenecen a un gremio, a un grupo social determinado que vive como una fiesta interior la eclosión de sus ideales, la religión como fin primero de su existencia.
—Caballeros con terno distintivo, mantillas, peinetas, traje de estreno, peluquería y afeites. La mujer del césar, de oración, de sacristía no sólo debe serlo, sino también parecerlo. Es una ocasión única, mostrarse a los demás como miembro de una casta, un rasgo de distinción, de prestigio efímero, el clan del fervor.
—Sí, necesitamos el respaldo que nos proporciona pertenecer a un grupo social, a una peña de un equipo de fútbol, a un partido político, a una asociación de amigos como yo. Entre ellos me siento bien. Somos profundamente gregarios.

—Todo es efímero. El lunes próximo todo habrá terminado y los envites de la vida nos llevarán a la normalidad.
—Sí, a la normalidad de la tensión internacional, al belicismo, a la masacre de víctimas inocentes, a los bufidos rabiosos del rubio gordo, a sus amenazas groseras.
—Tendremos que rezar más para que dios se ponga de nuestro lado, como lo está ahora del lado de la muerte.

Procesiones del Divino Cautivo por el centro de Madrid, jueves santo.
Y procesión de los alabarderos, calle Bailén, Madrid, viernes santo.













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