Teodosia Gandarias

Esos perritos que alborozan el ánimo de las personas, que sirven de consuelo e ilusión diaria, de compañía y estímulo para los corazones solitarios que tienen en ellos un amigo, un oyente mudo con el que conversar aunque sea sin recibir palabras, sólo su mirada atenta mientras mueven el rabito en señal de afecto. Sí, Jumble, el perrito fiel de Guillermo Brawn; o Lassie, la perrita aventurera que acompañaba a Elizabeth Taylor; o Laika, aquella perrita cosmonauta cuyo cuerpo giró durante 163 días en la órbita terrestre; o Snoopy, el único apoyo en quien confiar del incomprendido Carlitos Brown; o Scooby-Doo, un perro pasota, único amigo de Shaggy; o Rin Tin Tin, el perro policía y guardián del orden que pone en apuros a los malos.

Resulta que el Ministerio de Sanidad tiene pensado una ley, la 666/2023, que impide a la medicina veterinaria utilizar medicamentos humanos en los animales, o indica un uso restrictivo y limitado de algunos fármacos, lo que limitaría la salud de los perritos. Y los veterinarios consideran que esa ley va en contra del bienestar de sus amigos y se han unido para protestar contra la ley porque reduce, o dificulta, las posibilidades de curación en los canes que contraigan enfermedades.

El pasado 7 de mayo, veterinarios de toda España se concentraron en Madrid, en las puertas del Congreso de los Diputados para pedir la anulación del proyecto de esa ley y la dimisión del ministro del ramo. Se armó un gran alboroto enfrente del Congreso, a las puertas del Hotel Palace, serían como medio millar los manifestantes, que pitaban y pitaban a través de sus silbatos. En su sillita de transporte, Famalda, una perrita caniche, miraba pacientemente aquel jaleo sin inmutarse. Su ama, veterinaria venida desde Málaga, le premiaba con galletitas perrunas su buen comportamiento. Al final, Famalda también se incorporó a la protesta. ¡Guau, guau, guau, guau!, ladraba desaforada, que en lenguaje perruno quiere decir que no le restrinjan ni le priven del uso de medicamentos que le puedan salvar la vida si está malita.


Fotos de Terry Mangino