Gabriel de Araceli

EL CINE ES LA VIDA. Se apagan las luces de la sala, un hilo de luz ilumina la pantalla y en la existencia de nuestra tarde primaveral comienzan a florecer los pétalos de la ilusión. Se Extiende la mirada limpia de noble corazón y furia para retar a los injustos, diría el poeta Ezequías Blanco. Sus palabras, sus versos son la vida que se enciende con las palabras, con las imágenes de los sueños que vemos en la sala oscura, en la blancura de las páginas de los libros. Ahora, Ezequías, cuentista redomado, abuelo de punkys, editor de prestigios matemáticos, exprofesor de literatura en Getafe, sesudo cronista del amor de León Hebreo y amigo de los monos que estornudan nos presenta su nuevo poemario, o su nueva película, porque hemos aprendido a soñar con los besos robados de los primeros planos, con los versos recitados entre los labios, con aquellos que nos dieron nuestros padres de niños y volver a la poesía es recuperar la infancia y leer poemas es caminar con aplomo por los páramos imprevistos de la vida, romero por caminos nuevos, versos desde la conciencia interior, sensibles a todos vientos y bajo todos los cielos, como su paisano León Felipe:  Ser solo un peregrino que lo ha olvidado todo -incluso el sendero- todo menos lo que en la palma de su mano sostiene.


 AL AMOR DE LA LUMBRE
Cuando las hojas son pájaros 
y los pájaros son hojas 
en un abrazo de lumbre 
crepitan las brasas rojas.
Y si los brotes apuntan 
y rondan las mariposas 
y bulle el agua del río 
y estallan las blancas rosas. 
Y si fuera el viento sopla 
que sin soplo no sucede 
en el temblor de una copla 
nace el amor vive y muere.


Otros enlaces a la obra de Ezequías:

Sólo hay una clase de monos que estornudan

Tierra de Luz Blanda

BARE NOSTRUM