tippi_hedrenViene de “Un homme et une Femme”

Según una idea original de Gabriel de Araceli

Screenplay by Carmelito Flórez

Montaje y producción Terry Mangino


Secuencia única, interior, día. Dos personas, Amadora (45 años, secretaria judicial) y Marcello (47 años, guionista de cine) conversan en el salón de la casa de él. Hay varios sofás, mesas llenas de libros y papeles, también una gran pantalla de tv. El salón está decorado con carteles de películas: Pulp Fiction; El espíritu de la Colmena; El Crack, etc. Sobre una mesa hay una foto enmarcada de Alfonso Sánchez, crítico de cine con la siguiente dedicatoria: “Para Marcello, que escribe las mejores películas porque escribe sobre la vida”. Los dos personajes hablan y hablan mientras dan cuenta de unos mariscos, bogavantes, almejas, ostras, etc. Hay varias botellas descorchadas, algunas mediadas de vino de Rueda sobre la mesa y muchas copas. Suena la banda musical de “Un homme et une femme”, que se va diluyendo poco a poco mientras la conversación avanza.

 

 AMADORA (Mirando la foto de Alfonso Sánchez)

¡Qué dedicatoria tan bonita!

MARCELLO (Se ocupa en abrir un bogavante con unas tenazas)

Sabía de cine porque le tocó una época difícil. Entonces todos estaban amenazados por los malos, por los virus de la miseria y del hambre. Les vigilaba el poder.

AMADORA (Chupa el bogavante que le pasa Marcello)

Debía ser difícil escribir una historia en los tiempos del hambre, cuando te miraban como sospechoso.

MARCELLO

Escribir es como cocinar, necesitas libertad, buenos ingredientes, las dosis necesarias y la cocción adecuada. Y después que guste a los comensales. Por cierto, el bogavante está riquísimo.

AMADORA

Sí, pero a nosotros no nos amenaza el hambre y tenemos el cine para olvidarnos del virus. Sin él, este encierro hubiera sido insoportable.

 MARCELLO

La amenaza de un castigo siempre ha estado en la pantalla, pero nos olvidamos en cuanto se encienden las luces de la sala. Dentro de poco el encierro será historia. Esto ha sido solo una pausa, como aquellos descansos que hacían en las películas de tres horas. “Visiten nuestro bar”, ponían en la pantalla. ¿Recuerdas?

AMADORA

Sí, aquellas sesiones dobles de los cines de barrio, los reestrenos que salían de la Gran Vía y llegaban a los pobres. Pero lo recuerdo como una fiesta.

MARCELLO

El virus siempre ha existido. Ahí tienes El Puente de Casandra, o Cayo Largo, o Drácula, o Tiburón. Incluso en Casablanca está el virus, la maldad representada por Strasser, el nazi que quiere acabar con el bien, con el amor, con el idilio entre Ricky e Ilsa y encerrar en la caverna a Víctor Laszlo, el héroe, la Resistance, que es algo así como la vacuna que todos buscamos ahora.

AMADORA

Nunca lo había pensado, cuando veo cine solo pienso en besos, en final feliz, en sueños imposibles, en amores apasionados, en los abrazos, en lo a gusto que se sienten los protagonistas. No me gustan las películas que acaban mal ni las de miedo.

MARCELLO (Descorcha otra botella de vino y le sirve a Amadora)

Sembrar el miedo es un recurso universal de cualquier guionista. Lo hizo Ford en “La Diligencia”. Todos amenazados por el virus de los indios. Una bañera llena de gente atravesando territorio apache, expuestos a infectarse. Afortunadamente encontraron la vacuna: Ringo Kid, el chico, el héroe. Él y ella, Dallas, la chica, Claire Trevor, fueron felices, vencieron al virus. Y pasa lo mismo en “Cayo Largo”. La Trevor se somete al chantaje del mafioso Johnny Rocco, otro representante del virus, del mal. Pero ganó el bien, le dieron el óscar a la Trevor.

AMADORA (Bebe el vino con expresión feliz)

También triunfa Bogart con la Bacall y derrotan a Rocco, al virus. Es un frenesí, el amor premia a los buenos. ¡Riquísimo el vino!

MARCELLO

En Frenesí el virus es el psicópata que mata a las mujeres, que son las víctimas más débiles, como los viejecitos que hemos abandonado en las residencias como un peso demasiado gravoso de llevar, como esos sacos de patatas en los que el violador escondía a su víctima.

AMADORA

Aquel personaje resultaba odioso. Todos sabíamos que era el asesino.

MARCELLO

Todos menos el inspector Oxford que tiene que resolver los problemas que plantea el cineasta, los crímenes. Alguien tiene que cerrar las puertas que se abren en el relato. Si no, el espectador no se creería la historia, se sentiría estafado y no volvería al cine. El inspector Oxford es un personaje necesario en la peli, soluciona problemas, resuelve las dudas al público y detiene al malo, la corbata, no llevaba corbata, representa al investigador, al afán por desenmascarar el código genético del asesino, del virus.

AMADORA

El inspector Oxford era encantador, capaz de comerse aquellos comistrajos “haute cuisine” que le guisaba su dulce esposa. Por cierto, estos bogavantes están buenísimos. Creo que Hitchcock consumía las ostras por docenas. Dicen que les servía como afrodisiaco. Sírveme más vino, por favor.

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MARCELLO (llenando la copa de Amadora)

Cuando no hacía cine, Hitchcock comía y bebía. Tendría que comer muchas ostras para resultar atractivo a las mujeres. A pesar de su talento tenía un aspecto grotesco.

AMADORA

Era un genio y feo como una gárgola, representaba al mal, lo reverenciaba con aquel cuerpo tan desafortunado.

MARCELLO

El cine siempre reverencia al mal. El bien es siempre ñoño. Sin malos no habría cine. Son como las rubias, las ingenuas perversas, son necesarias porque sin ellas los buenos no existirían. Ya sabes, el viejo truco del malo siempre palma, la rubia se salva y se casa con el bueno. En el fondo, el papel más tonto es el del bueno, resultan empalagosos, los golfos caen más simpáticos al público.

 AMADORA

Pues yo prefiero a los buenos, aunque vayan con tontas, aunque sea una trampa para alegrar a las mujeres solitarias que asisten al cine. Como la Farrow en “La Rosa Púrpura del Cairo”. Es mejor el cine de amor, ver bailar a Fred Astaire y a Ginger Rogers el “Cheek to Cheek” tan felices, vivir con la ilusión de que alguna vez encontraremos la felicidad, que saldrá de la pantalla Tom Baxter, un príncipe azul y nos besará con su salacot en la oscuridad de la sala, que todos los espectadores se quedarán petrificados de envidia.

MARCELLO

El amor es una trampa. El cine es mentiroso. “Los Pájaros”, por ejemplo, Hitchcock otra vez. Nadie da importancia a las gaviotas, a los periquitos enjaulados que Tippi lleva en el coche rumbo a Bodega Bay, nadie imagina que los cuervos puedan atacar a unos colegiales, o matar a la maestra o crear el pánico en un pueblecito confiado lleno de vecinos amables. Son como el virus, nadie se lo creía y de repente se ha convertido en el mayor asesino del siglo XXI. Los pájaros eran el covid de hace sesenta años. Pero era cine y nadie le dio importancia.

AMADORA

La Tippi va muy rubia y elegante. Lujo, amor y fantasía, ese es el cine que me gusta, que pueda criticar el estilo de la chica, cómo va vestida, incluso me fijo si le sienta bien la ropa interior. Me la imagino, ya sabes, en aquella época… aquellos sostenes cónicos, aquellas enaguas, aquellas transparencias.

MARCELLO

Rod Taylor queda eclipsado por la Tippi. ¿No te parece un hombre interesante?

 AMADORA

Las mujeres nos fijamos siempre en las mujeres. Rod Taylor era un segundón, tenía pinta de rudo leñador, nunca me ha puesto. No volvió a hacer ninguna interpretación destacada. Sin embargo, la Hedren tenía mucho morbo, con aquellas faldas de tubo y aquellos peinados de rubia platino. Tippi no era de mucho pecho, pero era peligrosa. Por eso Hitch la pretendía, era un guarro, él era el verdadero peligro, la bella y la bestia. Se tiró todo el rodaje acosándola, era un pájaro de cuidado.

[Amadora levanta la copa solicitando más vino a Marcello.]

MARCELLO (rellenando la copa de AMADORA y la suya)

Otro virus imprevisto. El gordinflón persiguiendo rubias. No fue la primera vez, lo hizo con la Kelly y con la Novak. Ahora resultaría repelente, le acusarían de escándalo sexual, de obseso, de psicópata, tenía tanto talento como mal tipo. Era otra época.

AMADORA

Un fetichista, un sobón. Los hombres son así, sólo piensan en conquistar a las chicas y después abandonarlas. Pasa en “Cautivos del Mal”. Hasta la Turner se somete a los caprichos del malo, de Kirk Douglas para protagonizar la peli. Hay también dos hombres que se someten a Douglas, pero nadie los recuerda, sólo a la Turner.

MARCELLO

En ella se confunde el personaje y la persona. La Turner era muy inestable, muy caprichosa. Se cargó a un amante, a un mafioso. Bueno, ella no, dicen que fue su hija. Una niña de catorce años matando a un gánster. Difícil de creer. Formaba parte de la publicidad de sus pelis. “El cartero siempre llama dos veces”. El mal es ella, la Turner, él se deja arrastrar por su encanto, le envenena la rubia. Y el marido es el bueno, el tonto que desaparece enseguida.

AMADORA

El cine es un negocio que hacen los hombres ilusionando a las mujeres, les cuentan una milonga y ellas se la creen. Somos así, nos gustan las mentiras.

[Ambos se llevan las copas a la boca con sonrisas. De repente, se abre uno de los carteles de cine que hay decorando la pared y de él desciende un personaje con semblante grave. Los mira seriamente. Marcello y Amadora se quedan petrificados.]

GERMÁN ARETA

Soy Germán Areta, investigador privado. Comprendo su sorpresa. Quizás crean que están borrachos, que estas apariciones sólo suceden en las películas, pero después de oírles a ustedes desde hace un buen rato he creído conveniente aclarar algunos puntos de su conversación.

 [Marcello y Amadora miran a Areta estupefactos.]

GERMÁN ARETA

El cine no siempre reverencia al mal, señor Marcello, ni las rubias son siempre ingenuas ni los buenos resultan siempre empalagosos. Además, cualquier espectador por simple que sea diferencia muy bien al actor y al personaje, mi personaje con Landa. Landa es Landa y yo soy una invención del Garci. Cualquier parecido con la realidad, con qué realidad no importa, es pura coincidencia. Somos dos seres diferentes, pero los dos existimos, somos de verdad. ¿Acaso no me ve usted en la pantalla, acaso no me ve aquí ahora mismo?

[Se hace una pausa en la que Marcello y Amadora se miran asombrados y estiran las manos como queriendo tocar aquella aparición.]

GERMÁN ARETA

Y no crea, Amadora, que los hombres del cine sólo piensan en conquistar a las chicas para luego abandonarlas, que el cine es un negocio que los hombres hacen contando milongas a las mujeres. Son las milongas que cuentan las mujeres las que seducen a los hombres, que van al cine por verlas, para soñar despiertos con ellas, por olvidarse de sus vidas aburridas, de los virus que les persiguen en sus tristes existencias.

[Coge una copa de la mesa y se dirige hacia MARCELLO.]

Sírvame un trago, eso me humanizará, le demostrará que existo realmente, que soy carnal.

MARCELLO (frotándose los ojos y sirviéndole el vino a ARETA, que lo bebe lentamente)

Usted es un producto de la fantasía, del vino tal vez, una recreación fantasmagórica. No tiene vida por sí mismo, sin el Garci no sería nada. No puede presentarse de repente dando lecciones de cine a todo el mundo. Sólo existe al otro lado de la pantalla, en la mente calenturienta del guionista que lo ha creado.

AMADORA

Espera, Marcello, tal vez sea cierto. Tal vez Areta sea como Baxter, aunque más bajito, aunque más feo, déjame comprobarlo, tocarlo.

[Y da unos pasos hacia Germán Areta cuando de nuevo, del cartel de la pared desciende un personaje lentamente, con el rostro cansado y voz quejumbrosa y ronca, como asmática, como si le costara trabajo respirar. Tose varias veces.]

ALFONSO SÁNCHEZ

Perdonen ustedes mi presencia. [Tose y tose] Ya sé que les parecerá raro verme, que yo desaparecí de las pantallas hace muchos años. Pero aún así sigo viviendo todavía en la memoria del cine. Lo veo por ese retrato mío que tiene usted sobre la mesa. Ya saben, el cine, esa fábrica de sueños que modifica la realidad gris y la llena de colores, que da sentido a nuestras existencias. Es que el bueno de Germán Areta se toma muy a mal eso de que no crean en el cine, que piensen que es una diversión barata, que él sólo es un personaje ficticio, que no es real y a veces tengo que venir a rescatarlo. Lo hago por Garci, su padre, por lo que fue el comienzo de una hermosa amistad. De cuando en cuando nos reunimos, ya quedamos pocos de los de antes, nos tomamos unos vinos y hablamos de la vida, del cine. No le hagan caso, los malos han existido siempre, como las rubias perversas y los buenos ñoños. [Tose repetidamente] Y el cine nunca ha reverenciado al mal, ¡qué va! Y el final feliz es lo mejor que le puede pasar a una historia, que gane el amor y que se olvide pronto esa pesadilla del virus que están pasando. En aquellos años de los obuses en la Gran Vía la gente iba al cine todas las tardes. Y a los teatros. Les estoy contando una película mala, aburrida, en la que triunfó el mal. Pero entonces como ahora había que olvidarse de la realidad que te acorralaba. Lo de ahora no es como entonces, ni mucho menos. Pero tienen para rato, yo no sé, lo digo por lo que se oye al otro lado de la pantalla, que la cosa está jodida. Pero vayan al cine, o por la tele, que esa pantalla tan estupenda no la había en mi época y pueden ver las pelis en casa, las de ahora y las de antes. Germán, vámonos, dejemos tranquilos a estos señores. Buenas noches. [Tose otra vez]

GERMÁN ARETA

Buenas noches. Y recuerde, Amadora, las chicas son siempre las protagonistas. Los hombres, Marcello, somos meros figurantes.

[Y Alfonso Sánchez y Germán Areta se suben por la pared y se cuelan en el cartel de El Crack. Amadora y Marcello se miran asombrados viéndoles desaparecer, aunque suene aún desgarrada la tos ronca de Alfonso al otro lado del cartel.]

MARCELLO

Tal vez sea el blanco, no hay que hacer caso de los fantasmas. Creo que hoy ponen en la tele “Cantando bajo la lluvia”. Podemos acabarnos las ostras frente a la pantalla.

AMADORA (sonriendo a Marcello y brindando)

Por el amor, por el cine. Siempre me ha encantado Gene Kelly. Además, las ostras dicen que ponen mucho.

MARCELLO

Probaremos. Presiento que pretendes que termine gritando como Kane. Y tú eres muy melódica, de mucho trino. Ya sabes la historia de su amante, Susan Alexander, aquella palabrita misteriosa del final. Rosebud, Rosebud, Rosebud.

Ambos se ríen y se sientan frente a la televisión. Suena “Singin in the Rain” mientras la pantalla funde en blanco y aparece el rótulo de

FIN

 

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