Ángel Aguado López

     Francisco Ontañon nació en Barcelona, en 1930, de familia de procedencia burgalesa. Las penurias sociales de la época le llevan a realizar diferentes trabajos para poder subsistir.  Combina la fotografía con el empleo en un banco hasta que en 1957 se decide por el periodismo gráfico y entra a formar parte de la agencia Europa Press. Acude como informador gráfico a las bodas reales de Balduino y Fabiola, Bruselas, 1960, y Juan Carlos y Sofía, Atenas, 1962, que supusieron el primer gran despliegue informativo del periodismo español, con el alquiler de aviones para el transporte del material fotográfico, “aunque no se pudo positivar nada durante el vuelo porque la ampliadora se movía y era imposible enfocar ningún negativo” aclaraba en su momento Ontañón. Estuvo en la toma de posesión del presidente Kennedy (1961) o en el entierro, meses después, del rey Mohamed V y la entronización de su sucesor Hassan II.

     Ontañón fue fotógrafo hasta el momento de su muerte, acaecida en Madrid, en agosto de 2008. Trabajó medio siglo en infinidad de medios de comunicación, publicó numerosos libros de fotografía y era una referencia en el fotoperiodismo español, sus portadas se cuentan por miles y sus reportajes fueron tan variados como numerosos las grandes figuras del periodismo con las que trabajó.

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Ontañón en su casa de Vallecas, marzo de 1997.

     La siguiente entrevista, que fue un trabajo académico para la Complu —entonces había que currárselos, no te convalidaban nada—, se realizó en marzo de 1997 en su casa de Vallecas y en ella Paco Ontañón expresa sus opiniones sobre qué le llevó a ser fotógrafo y en qué se basaba a la hora de captar la realidad que le rodeaba, su visión especial de la sociedad y de la vida que le tocó vivir. En ese momento aún no había fotografía digital, nadie imaginaba la transformación social actual ni la forma de ver y captar la realidad de ahora ni los hábitos informativos que introdujo en la sociedad la revolución tecnológica. Por eso resulta interesante para los fotógrafos actuales releer las opiniones de un veterano reportero 21 años después. Aunque puede resumirse en aquella frase que le gustaba repetir y que sintetiza lo que tiene que impregnar el trabajo de cualquier fotógrafo y que sigue siendo rotundamente verdad:

“Mira mucho y haz pocas fotos”

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Una portada del dominical de EL PAÍS de hace 30 años, Foto de Ontañón.

Pregunta. En la obra del grupo que conformó tu generación se nota un interés formal (estético, plástico). Tus fotografías son las de menor plasticidad y las de mayor espontaneidad…

Respuesta. Yo siempre pensé que la fotografía artística por sí no tenía un valor importante, que era cosa de aficionados, que la mía, además, tenía que contar algo, aunque fuera un retrato, debía ser una foto útil. No sólo la estética por la estética.

  1. P. No te consideras entonces un esteta.
  2. R. No me sirve hacer una fotografía para colgarla en el despacho o para mandarla a una exposición, por eso estoy en contra de las exposiciones. Cuando son retrospectivas no, pero hacer un planteamiento de la fotografía basado en las exposiciones me parece que es absurdo. No hay cosa que aburra más que una foto de reportaje colgada en la pared.
  3. P. Entonces, las fotos son para verlas en el acto.
  4. R. A partir de la invención del telefoto, el acceso de los lectores a tus fotografías es decisivo, se distribuyen por el mundo y la ven miles de personas. No estoy de acuerdo con aquellos fotógrafos que dicen: “yo destruyo los negativos”. Pues vaya barbaridad que has hecho, yo por el contrario siento haber perdido algunos negativos.
  5. P. Tus compañeros de generación no tenían esa visión “humana” de la fotografía.
  6. R. Periodistas en mi generación no había. Ellos hacían una fotografía aséptica. Dolcet también era profesional, pero no era periodista. La mayoría combinaba la fotografía con otra profesión, eran aficionados. En el tema de la composición yo no he sido muy esperado. Rompía por completo los esquemas aceptados, las figuras las desplazaba de los puntos teóricos de interés, etc.
  7. P. Vistas ahora, algunas fotos de entonces resultan caducas.
  8. R. Han pasado los años y las fotografías acusan el tiempo transcurrido. Ahora, yo lógicamente no tendría el mismo punto de vista.
  9. P. Se echa en falta la denuncia explícita en los temas. Quizás la censura.
  10. R. La denuncia social se hacía a través de las manifestaciones culturales como la de Semana Santa, que era lo que a nosotros nos permitían publicar. Las fotos se pasaban por la censura en la Biblioteca Nacional. Se presentaban dos ejemplares, uno se sellaba y ya se podía publicar. La copia quedaba allí en depósito, con lo que han conseguido un archivo importantísimo de la historia gráfica de aquella España. No era la denuncia por la denuncia, fotografiábamos lo que había, la miseria. Esto tiene el peligro de que ahora te clasifican como neorrealista cuando la época era neorrealista… La prensa estaba controlada. Era un mundo terrorífico. Había censura y el que no estaba controlado era un peligro. El control era el carnet de prensa, que propugnaban los mismos compañeros de la prensa del Movimiento, que no querían perder los privilegios. Según entraba el ministro de turno colaba a sus seguidores en los puestos de responsabilidad. Para conseguir el carnet presentaba mis álbumes y no me los consideraban porque políticamente no les interesaba la revista en la que yo publicaba (La Actualidad Española). El ambiente cultural también se resentía. A pesar de que a la gente la obligaban a ser de derechas había personalidades interesantes. Dionisio Ridruejo, por ejemplo. En el teatro, Marsillach ya dirigía. El fotógrafo va un poco por libre en los temas culturales, ofrece su visión pecualia. Tuve mucho contacto con los Saura (Carlos y Antonio), con Manuel Vicent, con Carandell… el trabajo periodístico lo mismo te une que te separa.

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    La tertulia del Café Gijón. Comienzo de los 90. Reconozca a los fotografiados.

  11. P. ¿Qué influencias recibíais de fuera?
  12. R. No nos llegaba obra de otros fotógrafos extranjeros, no tuvimos referencias de la foto francesa. Nos interesaba más la fotografía norteamericana o inglesa. Los franceses, a pesar de ser nuestros vecinos siempre nos veían por el lado tópico deformado, por el flamenco y los toros.
  13. P. El desarrollo tecnológico actual sería impensable en los años 50.
  14. R. Entonces sólo se fotografiaba en blanco y negro. El color se comenzó a realizar en los 60 y te obligaba a llevar un voluminoso equipo. Yo conocí aun el uso del magnesio para iluminar. Se extendía en una placa y tras una chispa estallaba un resplandor parecido a la bomba atómica y todo quedaba hecho un culo. La máxima distancia focal que había era un 240, un Novoflex de la Alemania Democrática, con una abertura de 5.6, que lo hacía casi inservible. Lo más largo que se usaba era un 135 y mucha Leica. Si el autoenfoque hubiera existido cuando yo empecé a estas horas no usaría gafas. Ya forzaba las películas, la HPS de Ilford tenía un grano como garbanzos, pero como estaba de moda, pues nada. Y los revelados se hacía por inspección. Abriendo la cubeta con luz roja.
  15. P. Como periodista, cómo afrontas el relato fotográfico.
  16. R. Hay que pensar que se trata de contar una historia, no una única foto. Hay básicamente dos formas: el periodismo de provocación (lo que hace la García-Rodero), o la forma de Cartier-Bresson, el momento decisivo. No soy amigo de las fotos de guerra y miseria, que reducen la información a lo sensiblero y miserable. El amarillismo invade ahora el periodismo gráfico y aunado a las pocas revistas de información general está dejando a muchos profesionales en la cuneta. Yo he subsistido, pero otros han muerto por el camino. En esta profesión no puedes estar por la pela, te tiene que gustar la fotografía, por eso no concibo el periodismo actual, todo el día para arriba y para abajo, en la Audiencia Nacional o en las rudas de prensa, cargado con la mochila y lesionándote la columna para obtener la fotografía del día, estereotipada, repetida y aburrida.
  17. P. El trabajo del fotoperiodista, ¿es ahora más estimado que en los 60?
  18. R. En los periódicos se ha evolucionado mucho. Antes no existía la figura del editor gráfico y se tenía la idea de que todo lo de fuera era mejor que lo de casa y encargaban los trabajos a fotógrafos ajenos al periodismo, con lo que las obras perdían vigor. La composición la realizaban los plumillas, que la mayoría de las veces no sabían nada de fotografía. Y, además, había que librar una batalla con los confeccionadores, que apreciaban poco el trabajo de los fotógrafos.
  19. P. Cuarenta años de información dan para muchas anécdotas.
  20. R. La necesidad de hacer periodismo está por encima de todo. Palpar la actualidad ser testigo de ella te compensa los sinsabores y malos momentos que pasas en el ejercicio de tu profesión. ¿Anécdotas?, ¡hay tantas!… en Afganistán [se refiere al momento de la invasión soviética] me encañonaron con un kalasnikov por fotografiar a una novia. Me salvó el guía comunista a cambio de unos dólares… en la toma de posesión de Kennedy pude conversar con Kirk Douglas y Gene Kelly, ¡parecía que estaba en el cielo!… en Japón fotografié el cabaret más grande del mundo, 900 bailarinas que bailaban… ¡flamenco! O con Rodríguez de la Fuente en Kenia, en Tanzania y Uganda, una leona estuvo a punto de confundirme con una cebra.

 

Fecha y lugar indeterminado, sobre 1957. Los nuevos hábitos de los españoles, la excursión dominguera.

En la actualidad, el Museo Reina Sofía, en Madrid, ha organizado la exposición “Una aproximación a AFAL”, en la que se muestra la importancia que tuvo a comienzos de la década de los 60 del siglo anterior la irrupción de un grupo de fotógrafos y periodistas que a través de la revista AFAL ofrecían un panorama informativo diferente al habitual. Entonces, en esa revista publicaron sus fotos fotógrafos ahora clásicos, como Masats, Joan Colom, Oriol Maspons, Juan Dolcet, Gabriel Cualladó y Francisco Ontañón.

     La exposición, comisariada por Laura Terré, estará abierta hasta el 19 de noviembre de 2018. Reveladora de una época, de unos periodistas e indispensable para todos los que quieran ver lo que la realidad esconde con ojos de fotógrafo.

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