Ángel Aguado López

     «Te da muchísima satisfacción, te gratifica como persona» dice Mar, entregada a su voluntariado Reiki, que da sesiones de relajación a enfermos y también a internos del Centro Penitenciario de Soto del Real, que la tratan «muy agradecidos, muy amablemente, con un respeto y con un cariño…» Mar se paga su transporte para ir desde el paseo de la Virgen del Puerto, en Madrid, donde vive, hasta el Hospital Puerta de Hierro, unos cincuenta Km ida y vuelta, no cobra un euro, lo hace por amor… por amor a los demás. «Salgo de aquí con las pilas súper-cargadas, el contacto con el paciente, con el ser humano es la mejor recompensa» dice con una leve sonrisa. Mar lleva años haciendo esto cada quince días, cuatro horas cada día. Mar mira a su cliente, a su paciente Sara, que tiene síndrome de Crohn, una inflamación intestinal a la que tratan con fármacos inmunosupresores, a la que aplica su método de relajación. Y las dos se sonríen.

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Mar y una paciente en el hospital de día del Puerta de Hierro.

     Alberto Vega Martín tiene 63 años y tuvo un cáncer de colon, «y también la próstata». Vive en Becerril de la Sierra, un pueblo en la Sierra de Madrid, a unos treinta y cinco Km del Puerta. Fue pintor decorador. El tratamiento de quimioterapia le dura «unas tres horas, cada quince días una sesión, si los análisis dan bien, llevo dos años de tratamiento, me habrán dado… más de cuarenta sesiones de quimio». ¡La hostia!, diría un castizo, ¡cuarenta sesiones de quimio! Pero Alberto parece un miura, come de todo, ni se inmuta, ¡tan contento!, escuchando música, con los auriculares, mientras Óscar Danés le pone las manos en la cabeza en la sesión de Reiki.

     Óscar era realizador en TVE. El ERE le puso de patitas en la calle y ahora dedica su tiempo a los demás. Junto con Mar Domínguez es miembro de la Fundación Sauce y con otros muchos voluntarios se dedica a recorrer hospitales, centros penitenciarios, residencias de ancianos, etc., para echar una mano a los demás «porque debemos ayudarnos unos a otros sin esperar nada de las instituciones o de los políticos». «Una sonrisa de un paciente te ha llenado el día» dice Óscar, que como Mar, como Patricia, publicista, que viene desde Navalcarnero, unos setenta Km ida y vuelta al Puerta «recibimos más de lo que damos». Como Paloma y Juan Carlos, ella recepcionista, él trabaja en una residencia de personas mayores en el barrio obrero de Manoteras, 27 años casados y parecen novios; como Pedro, que es socorrista en piscinas los veranos. Todos son voluntarios y trabajan por los demás, ¡sin cobrar un puto duro!, que diría un castizo.

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Óscar y un paciente de quimioterapia en el hospital de día del Puerta de Hierro.

     Margarita Sanz de Andino es abogada, tiene 55 años y tuvo un cáncer de mama y «después, otro de tiroides» y ha sido intervenida tres veces quirúrgicamente. Pero ella se va al Puerta todos los lunes sin recibir nada a cambio, ni un euro, y se pasa tres, cuatro horas dando ánimos a los enfermos oncológicos, «escuchando sus miedos, sus necesidades, hablando, dándoles conversación si ellos quieren. No hay nada peor que la soledad de la quimio» dice Margarita, que de eso sabe mucho. Margarita es una señora esbelta, elegante, habla con prudencia. Desde hace dos años es voluntaria de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). Sus hijas están emocionadas con que Margarita ayude a los demás, con que «hacer compañía a esos que pasan tantas horas luchando con la enfermedad sea tu única recompensa» dice Margarita. “Porque hay tantos ejemplos de superación entre los pacientes, ¡tantas ganas de vivir!». Margarita te mira y calla, y después te cuenta que «lo que más me impresiona son los pacientes jóvenes, chavales de quince o dieciséis años que le están echando un pulso a la enfermedad y que sólo quieren vivir». Y cuenta Margarita que «cuando has estado enfermo se te caen todas las bellotas que tenías en la cabeza, aprendes a valorar la vida, que ser voluntario, estar en contacto con personas que ahora están enfermas te ayuda a tener las ideas en su sitio». Y Margarita te mira y calla.

     El doctor Mariano Provencio es el jefe de Servicio de Oncología Médica del Hospital Puerta de Hierro. La Real Academia Nacional de Medicina de España le acaba de dar, en enero de 2018, el Premio de la Academia, que distingue a investigadores reconocidos por sus estudios y publicaciones médicas. El premio lleva consigo su nombramiento como académico de la RANM. El estudio se titulaba: “Medicina Personalizada en Oncología: Utilización de la Biopsia Líquida como elemento fundamental en el desarrollo de un nuevo modelo de conocimiento y utilidad en pacientes con cáncer de pulmón”.

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El doctor Mariano Provencio en una foto facilitada por el Hospital Puerta de Hierro, de Madrid.

     El doctor Provencio y su equipo han diseñado un panel de genes para poder identificar mutaciones específicas del tumor en pacientes oncológicos y ampliar así el número de individuos que se pueden beneficiar.

     El doctor Provencio, su equipo y los voluntarios que a diario trabajan en el Puerta hacen que la vida de los pacientes oncológicos sea un poco mejor. Gracias por su amor a los demás.

 

 

 

[Parte de este reportaje y las fotografías se publicaron en el mensual Capital Noroeste, en marzo de 2015]

 

 

 

 

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